Siguiendo las instrucciones del traumatólogo que me está supervisando la recuperación del puñetero menisco, me atreví a subir a l’Estany de Cap de Port con tres amigas, mientras el resto del grupo -doce personas más- alcanzaron el Montardo (2.833 m.) sin problemas.

Me encanta esta montaña, que he subido en tres ocasiones. En dos de ellas lo hice por la misma ruta que emprendimos el sábado, es decir, desde Valarties por el Pont de Rius – Refugio de la Restanca – Estany de Cap de Port – Coll de Guellicrestada – Cima del Montardo. La tercera vez la hice desde el refugio Ventosa i Calvell.

Aunque desde el Pont de Rius (punto donde te dejan los taxis que salen del valle) se trata de una respetable ascensión de 1.200 m de desnivel, es una ruta bastante lógica y sencilla. La única complicación, para las personas poco avezadas en la alta montaña, reside en lo pedregoso del camino que, además, presenta una pendiente constante, con poquísimos tramos llanos.

Yo tenía claro que no era prudente por mi parte intentar esta vez el Montardo, de manera que la previsión era quedarme con mis tres compañeras en el refugio de la Restanca, armadas con libros y baraja de cartas para esperar al resto del grupo.

Con esa perspectiva tan relajada, cubrimos los 400 metros de desnivel desde Pont de Rius al refugio en dos horitas lentorras y deliciosas de “baño de bosque”, parándonos para contemplar el paisaje y las mariposas, comiendo arándanos e identificando abetos, hayas, abedules y serbales.

Pero al llegar al refugio y tomarnos un café, decidimos que estábamos lo suficientemente frescas como para subir otro poquito más. Reemprendimos la marcha y llegamos al precioso estany de Cap de Port, que nos permitía ver el coll de Güellicrestada y las estribaciones del Montardo, con lo cual logramos ascender 600 metros de desnivel, es decir, la mitad del desnivel total a la cima.

Mis mejores aliados fueron, además de la lentitud, los bastones, la rodillera y – ¿por qué negarlo? – las pastillas antiinflamatorias. Aunque el descenso se nos hizo mucho más pesado que el ascenso, acabé muy feliz. Fue la primera excursión y el primer ejercicio más o menos fuerte y continuo después de la operación, hace ya tres meses.

Es lo que tiene la montaña, que nunca decepciona. Si no puedes llegar a un pico, llegas a un collado o a un lago, o disfrutas de un bosque, o del aire transparente, o del paisaje tan diferente de la vida cotidiana.

¡Si no existieran montañas en mi vida, tendría que inventarlas!.

En la foto, Estany de Cap de Port y, al fondo, Coll de Guellicrestada.

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