Ahora puedo dividir mi vida en “antes” y “después” de la operación de menisco. En el momento actual -“después”- soy una subordinada del traumatólogo, la fisioterapeuta y la muleta. Todos ellos se apoyan y parecen conspirar contra mi autonomía. Sé que esto suena a vieja regañona, pero de vez en cuando me tengo que desahogar un poco…
De entrada, tengo para rato con la muleta. Bueno, algo hemos ganado, porque al menos ahora solo voy con una por la calle y en casa me dejan caminar sin ella. También he ganado algunos aprendizajes:
Número 1: el tiempo y la acción se descomponen
Lo que antes eran acciones simples: ir a comprar al mercado, ir a la peluquería, ir a casa de mi hermana… ahora son acciones dobles: caminar hasta el mercado es una actividad y comprar la verdura es otra. Caminar hasta la peluquería es una actividad y que me arreglen el pelo es otra. Todo es doble, el tiempo también se dobla y ralentiza. ¡Tengo que aprender a recalcular lo que tardo en hacer las cosas!
Número 2: la muleta inspira respeto
Esto a veces hasta me gusta. Vas con la muleta por la calle, a pasito bastante lento, y la gente se aparta con consideración. Ayer hice la prueba definitiva en el paseo que hay frente a la playa, en los alrededores del hotel Vela (que no se llama así, pero todo el mundo lo reconoce por este nombre).
Siempre hay grupos de 4 o 5 jóvenes practicando skate o fútbol o cualquier otra cosa invadiendo sin contemplaciones las amplias aceras para paseantes. Vayamos por otro lado, me indicó mi santo, siempre atento a que no me accidente más. Nada de eso -repuse, envalentonada- ¡que se aparten ellos! Efectivamente, se apartaron, incluso se advirtieron entre ellos Cuidado, dejemos pasar a la señora…
Numero 3: me voy a tener que reprogramar
Me he quedado sin cardio y esto me fastidia bastante. La fisio me dice que bueno, pues que nade, pero la natación no me gusta mucho, las piscinas atiborradas me dan un poco de repelús, la playa está un poco lejos y además me canso enseguida porque no sé nadar de manera eficiente.
En la práctica no trabajar el cardio significa que cuando pueda volver a correr o a subir montañas voy a arrastrar una falta de entrenamiento atroz… y tendré que reprogramar pasito a pasito cómo volver a la actividad deportiva.
Se me ha ocurrido que tal vez me dejarían ahora subir escaleras (bajarlas no, que me cuesta bastante todavía). Sería como volver al confinamiento durante la pandemia: en ese período, las escaleras de mi casa se convirtieron en mis cardio-aliadas…
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