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Hay tantos motivos para estar preocupados, tristes, enfadados, indignados y desanimados que a veces nos olvidamos lo privilegiados que somos y cuánta gratitud deberíamos sentir.

Nuestro país no está en guerra. Comemos tres veces al día. Si enfermamos, podemos confiar que en algún centro de salud nos van a atender. Si tenemos sed, el agua no está lejos, es potable y podemos beber con confianza. Si tenemos frío, podemos abrigarnos sin demasiados problemas.

Sin perder un ápice de pensamiento crítico, de espíritu reivindicativo y de compromiso con la justicia y los derechos humanos, no deberíamos olvidar que vivimos en el tercio del mundo que disfruta de un razonable bienestar.

Pero hay otros motivos para estar agradecidos. Motivos menos materiales y tal vez menos científicamente demostrables. Muchísimas personas que nos rodean en el trabajo, en la ciudad, en los centros educativos, en las asociaciones y en las causas sociales, son sencillamente extraordinarias. Y nosotros hemos elegido estar con ellas: estamos con quien queremos estar.

Recuperemos la conciencia de la importancia de poder disfrutar con estas personas de la amistad, la bondad, el afecto, la ayuda mutua… sólo con estas virtudes se construyen los grandes valores de la Justicia, la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad.

Por todo ello, ¡Feliz Navidad!

 

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