Estuve el viernes y sábado con 44 profesores de la Fundación San Valero, una institución aragonesa veterana en la formación profesional, que con el tiempo ha generado también formación a distancia, cantidad de proyectos europeos, e incluso una universidad.

Cada principio de curso montan una excursión de profes, para cargarse las pilas y formarse. Sinceramente, no conozco muchas instituciones educativas que hagan lo mismo.

Normalmente la formación del profesorado se resuelve en un formato extensivo, del tipo “cuatro días a razón de tres horas diarias”. Tiene sus ventajas, claro, pero el formato intensivo, convivencia incluida, genera un impacto muy positivo.

Creo que en estas excursiones uno está más receptivo -¡tal vez porque está cautivo!- y se acaban cumpliendo expectativas extraacadémicas interesantes, como el establecimiento de confianza mutua y la mejora de las relaciones interpersonales.

Me ha encantado salir de excursión con este grupo, en un entorno de naturaleza que facilita mucho las cosas. Y me ha fascinado conocer algo de lo que están haciendo. Por poner un ejemplo:

Hicimos una lista espontánea de los proyectos de aprendizaje-servicio que ya realizan en los centros educativos, bien fuera próximos al ApS o bien, directamente, proyectos ApS sin bautizar… y salieron 26.

También hicimos una lista de las entidades sociales del entorno a las cuales los profesores están vinculados de una u otra manera… y salieron 40. Y todavía les quedaba energía para bajar a las fiestas del pueblo o para jugar al guiñote entre taller y taller…

¡Por eso no les da pereza salir de excursión! Todo lo contrario: la salud (física, mental, social…) genera salud.

Mira qué réplica de la Estatua de la Libertad que realizaron los alumnos del aula taller... ¡Me pido profesores como estos para la formación profesional que necesita este país!

 

 

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