Siempre me tomo con mucho interés las recomendaciones de literatura, cine o música que vierte la periodista Neus Tomás en eldiario.es.

De manera que, siguiendo sus consejos, hace algunos días fui a ver Anniversary, una película que me dejó un eco profundo, como casi todas las distopías.

A diferencia de El cuento de la criada, otro relato distópico, Anniversary aparece mucho más cercano, como si mañana mismo pudiera desencadenarse esta historia en cualquier lugar. Lo cual quiere decir que resulta mucho más terrorífica si cabe.

A través de la historia de una familia americana durante cuatro años, esta película plantea con qué rapidez es posible introducir ideas totalitarias casi sin que nos demos cuenta.

En definitiva, pone de manifiesto lo fácil que es para la ideología de extrema derecha acabr siendo tolerada por un régimen democrático. Y, sin embargo, ¡qué difícil es para la ideología democrática ser tolerada en un régimen totalitario!

Poco tiempo después de ver la película, y todavía impactada, tuve la suerte de escuchar una conferencia de la filósofa Adela Cortina a raíz del decimoquinto aniversario de la revista Ethic, donde reivindicaba la socialdemocracia frente al modelo MAGA imperante en Estados Unidos y el comunismo totalitario de China.

En su apuesta por un Estado social y democrático de Derecho, Adela Cortina citó a Kant:  Hasta un pueblo de demonios lo prefiere… con tal que sean demonios inteligentes.

Motivada por esta frase, llegué a Hasta un pueblo de demonios, un artículo de Francisco Altemir Ruíz-Ocaña para la revista Rebelión, donde exprime y pone en contexto actual el significado de la afirmación de Kant. A modo de ejemplo, afirma: Hasta un pueblo de demonios no olvidaría la afirmación de una persona, tan poco sospechosa para el neoliberalimo económico actual, como era Adam Smith (profesor de Filosofía Moral): «No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados».

Volviendo a la película, en su última parte, Anna, la joven creadora de un movimiento autoritario y antidemocrático que arrasa en Estados Unidos, parece que toma conciencia del desastre que ha creado y casi aparece como un “demonio inteligente” y en cambio Josh, su pareja, se mantiene como un “demonio estúpido” (que, por cierto, acaba mal).

Me queda claro que no vamos a librarnos de los demonios ni de sus amenazas a la democracia y al Estado de Derecho.

Como afirma Adela Cortina, una de nuestras armas es la mano intangible de los valores y virtudes de la ciudadanía, los “hábitos del corazón”. Ahí hay que trabajar duro, porque no creo que abunde la inteligencia entre los demonios.

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