En las colonias y campamentos siempre había un momento en que cantábamos El Lobito bueno, la poesía de Juan Luis Goytisolo musicada por Paco Ibáñez. Tenía su gracia, porque rompía con delicadeza los esquemas clásicos de buenos y malos -tan eficaces- de la literatura infantil.
Me vino a la memoria esta canción después de leer Inquilinos contra caseros: la nueva fractura de clase, el artículo de Alberto Garzón Espinosa publicado en eldiario.es el pasado 13 de octubre. Es muy buen artículo y lo recomiendo.
Pensé que, al igual que la canción, yo conozco lobitos buenos entre el sector de los caseros. Gente que no quiere hacerse millonaria alquilando sus pisos a otras personas. Gente honrada y fiable. De verdad que la hay. Y pongo algunos ejemplos que conozco personalmente:
Sara tiene alquilado el piso que heredó de su madre, en el Eixample de Barcelona, por una cantidad bastante inferior al precio de mercado. Me parece contundente y claro su argumento cuando alguien la interpela por qué no sube el alquiler al nivel de la mayoría de su entorno: Quiero un barrio donde pueda vivir precisamente la gente del barrio y no sólo los expats que pagan millonadas.
Con esta opción, Sara se responsabiliza de la parte que le toca. Si no lo hago –sigue argumentando-, luego no puedo quejarme de que el barrio se está convirtiendo en un parque temático para ricachones.
Ernest tiene cuatro pisos, también como resultado de una herencia, ubicados en Barcelona y L’Hospitalet. También en este caso los alquila por debajo del precio que le marcarían las inmobiliarias. No tiene la ambición de hacerse rico con los alquileres, que estaban destinados a sostener, en un momento dado, los gastos de dependencia de tres personas mayores.
Soy tu obra social, le dice a Ernest una de sus inquilinas, una mujer separada con un hijo que no podría permitirse el pago de un alquiler estándar.
Patricia y sus hermanos tienen bastante más de cuatro pisos. Pero incluso en este caso no sería justo pensar en ellos como desalmados capitalistas dispuesto a explotar a los inquilinos, sencillamente porque no lo hacen. Sus alquileres son ajustados y siempre se han portado bien con todo el mundo.
Los enfoques maniqueos, que no admiten matices, ni hacen excepciones, distorsionan la realidad, siempre más compleja y poliédrica.
Resulta que hay caseros responsables y solidarios.
Como hay escuelas concertadas con enfoque social e inclusivo.
Como hay políticos que no persiguen su beneficio particular, sino el bien común.
Como hay ONG que no merecen este nombre.
Y tantas otras realidades que rompen los esquemas previos.
Hay trocitos del “mundo al revés” del que hablaba Goytisolo y es justo reconocerlo.
Comentarios recientes