Asistí a la presentación del libro El CEPEPC des de dins. La força col·lectiva d’una convicció (El CEPEPC desde dentro. La fuerza colectiva de una convicción), una obra coral que narra la historia de unas escuelas privadas en Cataluña que quisieron -y consiguieron- ser públicas. El libro está firmado por Gemma Masip, Jordi Maduell, Josep Padró, Montserrat Gibert, Quim Lázaro y Ricard Aymerich.
El CEPEPC (Colectivo de escuelas por la escuela pública catalana) se fundó a finales de 1978, aunque recogía reflexiones y reivindicaciones de décadas anteriores. Agrupó a más de 80 escuelas, muchas constituidas como cooperativas de enseñanza, aunque también había asociaciones, sociedades, fundaciones o incluso de propiedad parroquial.
Docentes, familias y personal no docente formaron parte de este colectivo de personas ilusionadas con el proyecto de tejer un nuevo modelo de escuela pública que recogiera los principios pedagógicos de la escuela activa, catalana, laica y democrática.
La presentación a la que asistí tuvo lugar en el museo de Granollers. La sala se llenó de antiguos alumnos, maestros jubilados y maestros en activo de l’Escola Sant Esteve (luego Escola Salvador Espriu), referente del CEPEPC en esta ciudad.
Todo el mundo coincidió en que el CEPEPC fue una iniciativa de éxito, puesto que no sólo aumentó el volumen de la escuela pública en Cataluña, sino que también ésta se contagió de la renovación pedagógica, superando el retroceso educativo que había supuesto el franquismo.
Sin embargo, en el acto también se destacó que, en el tránsito a escuela pública, lo que no se consiguió trasladar ni mantener fue el espíritu cooperativo de todas aquellas escuelas pioneras, en las que personas de diversos sectores -no sólo maestros- colaboraban por una causa social justa. Desde mi punto de vista, aún no siendo de titularidad pública, ya entonces estaban trabajando en beneficio de la sociedad.
Y eso me lleva a preguntarme por qué seguimos identificando público con propiedad estatal o institucional. ¿Sólo la Administración Pública puede llevar a cabo iniciativas de carácter público? ¿No es público todo aquello que atiende al bien común, lo que está al servicio de la comunidad? ¿No tienen carácter público los movimientos sociales, las asociaciones sin fines de lucro, las cooperativas…? ¿Deberíamos, al menos, redefinir qué es y qué no es público?
Al final del libro, en el capítulo de aportaciones testimoniales, Joan Subirats afirma:
Construimos “un sistema público” desde fuera. Porque no sólo es público lo que es institucional; lo son también aquellas iniciativas sociales que quieren encontrar respuestas conjuntas a problemas comunes. Escuelas con autoestima, que buscan soluciones sin esperar que vengan de fuera, tejiendo complicidades con familias y entorno. Puedo decir que he experimentado lo que es la escuela-comunidad, un signo distintivo del espíritu CEPEPC.
La foto de los niños y niñas en la clase de música, una de las reivindicaciones del CEPEPC, es de la Escuela Baloo, integrante de este colectivo.
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