¿Qué aprendiste en el campamento?

Tenda i mapaSin duda ésta es una de las preguntas más interesantes que podemos hacer a nuestros hijos cuando vuelven de campamentos.

Hubo un tiempo en que las asociaciones juveniles y de educación en el tiempo libre que organizaban estas actividades rechazaban cualquier actuación que se les antojara demasiado cercana a la escuela.

Eso significaba que en los campamentos no se solían llevar a cabo actividades cuyo objetivo fuera adquirir o fortalecer conocimientos (eso sonaba a “demasiado escolar”).

El foco se ponía en la educación en valores y actitudes: autonomía, compañerismo, respeto, responsabilidad… Valores que, en cualquier caso, no se evaluaban. Todo era bastante implícito, casi por ósmosis.

La parte fuerte, entonces, era la ética; la parte débil, la cognitiva y la parte “intermedia” la de las habilidades y destrezas funcionales, que en realidad podían llegar a tener bastante impacto en los campamentos más robinsonianos: plantar la tienda, orientarse con el mapa y la brújula, hacer la comida…

Desde hace unos cuantos años todo esto ha cambiado. Para empezar, a las entidades sociales que tradicionalmente impulsaban campamentos les salió la competencia de las agencias de colonias en inglés; de los clubs deportivos y sus campus olímplicos; de iniciativas privadas o públicas que ofrecen campamentos sesgados por una especialidad, y esa especialidad es la que concreta los aprendizajes.

La verdad es que en estas ofertas a las familias les queda bastante más claro qué es lo que van a aprender sus hijos. Y ninguna de estas iniciativas tiene porqué hacerlo mal o despreciar la educación en valores. Al concretar una especialidad, vertebra y visualizan mejor los aprendizajes.

Creo sinceramente que las entidades sociales deberían poner en valor lo que ya antes era poderoso -la educación en valores y actitudes- pero, al mismo tiempo, deberían integrar sin prejuicios trasnochados actividades que de manera explícita potenciaran los conocimientos. Deberían concretar y exponer más y mejor la educación integral que pueden ofrecer.

Y eso deberían hacerlo no por superar la competencia con las otras iniciativas, sino por hacer justicia a los mismos campamentos, por no desaprovecharlos.  Porque:

¿Qué mejor lugar para aprender los nombres de las estrellas?

¿Qué mejor lugar para aprender geografía, historia, patrimonio cultural, tradiciones…?

¿Qué mejor lugar para integrarse como ciudadanos en el paisaje, que es uno de los signos de identidad más potentes?

 

 

 

Capacidades para un cambio de época

Alberto Croce i Jesus Martí

¡No tenemos derecho a hacer perder el tiempo a los jóvenes!.

Así de contundente se mostró Alberto Croce en las Jornadas Joves 3D, una convocatoria al diálogo, la diversidad y la democracia organizada por la Xarxa Joves.net.

Alberto, que se situó en el espacio de la educación no formal, dedicó una parte de su intervención al análisis del contexto económico y político actual, para plantear a continuación cuáles son las herramientas que necesitan hoy los jóvenes para ser protagonistas del proceso de cambio que estamos viviendo.

Entre otras capacidades a cultivar, citó:

  • Saber estar en redes y sostenerlas.
  • Relacionarse con personas desconocidas.
  • Planificar y organizarse.
  • Comunicar aquello que se hace.
  • Analizar críticamente el entorno.
  • Evaluar a nivel personal y a nivel grupal.
  • Incidir en las decisiones políticas.
  • Usar las herramientas tecnológicas para conseguir fines sociales…

Por todo ello, Alberto insistió en la necesidad de impregnar de intencionalidad pedagógica los proyectos de aprendizaje-servicio que desarrollan las entidades juveniles y sociales, porque si bien éstas impulsan intensas actividades de servicio, suelen dedicar menos energía a los aspectos pedagógicos.

Comparto el criterio de Alberto y creo que es necesario explicitar al máximo esta intencionalidad pedagógica: no sólo por el deber moral de ser transparentes con los jóvenes, sino porque hay que estimular que sean protagonistas de su propia formación.

Las entidades sociales tenemos la obligación de contribuir, desde la educación no formal, a capacitar a los jóvenes para vivir en este mundo y transformarlo. Si no lo hacemos… estamos perdiendo el tiempo.

100 mil monitores

Lo contrario de la profesionalidad no es el voluntariado, sino la incompetencia, afirmó Josep M. Lozano, quien destacó en su conferencia el papel de los monitores en tanto que referentes personales como uno de los grandes aportes de la educación en el tiempo libre.

Esto fue ayer, en la celebración de la entrega del diploma de monitor número 100.000, un acto solemne y emotivo al que asistí con la pena de haber extraviado mi carnet. Bueno, me quedan los diplomas, eso sí, donde consta que tengo el  número 418 de monitor y el número 30 de director… ¡Arqueología pura!

Sin embargo, arqueología aventurera tipo Indiana Jones, porque ese es el recuerdo de la época remota (1975) en que me saqué ambos títulos. Las colonias y los campamentos, así como el trabajo en el barrio, forman parte ya de mi paisaje personal, de la geografía de mis afectos, retos y descubrimientos.

Estoy totalmente de acuerdo con Lozano. Y creo que la competencia se gana con la formación, pero sobretodo con la formación permanente, práctica y, además, consciente. En las actividades y centros de educación en el tiempo libre los monitores no sólo educan a los niños y niñas, sino que también se forman a sí mismos.

Es urgente sacudir el fundamentalismo casposo que parte de la base de considerar que la competencia te cae gratis del cielo por el simple hecho de desarrollar un trabajo voluntario, tipo Si eres voluntario, ya eres mejor educador que un profesional.

Pues no señor. La competencia te la tienes que ganar.

El primer paso puede ser hacer una lista de lo que quieres aprender con esta experiencia, esforzarte por aprenderlo, aplicar lo aprendido y luego evaluarlo. ¡A ver si nos creemos de una vez que no sólo se educan los niños y niñas!

Enlazando en cascada

Esta semana me llegó el número 182 de la Revista Estris, conmemorativo de su 40 cumpleaños. Por si no la conoces, te cuento que Estris es la revista de educación en el tiempo libre veterana en España.

De hecho, yo misma empecé mi trayectoria como educadora en el tiempo libre en la misma época en que se publicó el primer número de la revista, y me acompañó largo tiempo. Era la referencia obligada… ¡y un placer de lectura sencilla, práctica y amena!

Mira qué casualidad que el mismo día me llega el artículo sobre el tiempo libre, Un asunto educativo y social a partes iguales,  que he escrito para el Periódico Escuela, en el que intento definir cuál es a mi juicio una de las principales encrucijadas de la educación no formal en este momento.

Pero, para redondear, resulta que encima de este artículo hay un texto precioso de Juan Carlos Tedesco, en el que describe otra antinomia bien actual: Escuela: ¿Ancla o brújula?.

La necesidad de brújula que cita Tedesco me preocupa en especial, y por ello elaboré hace unos meses esta presentación: Learning for the XXIth century… in what direction? para compartirla con los colegas de Ashoka que están en el sector educativo.

¿No te pasa a veces? Te llega un tema, una noticia, cualquier cosa… y en cascada van sucediéndose casualidades y derivaciones que van encajando en espiral, retroalimentándose.

¡Hasta se puede ver el dibujo final! El que yo veo en este caso: Si la escuela necesita una brújula, las entidades y movimientos de educación en el tiempo libre también.

Diez minutos de nostalgia

Ayer por la mañana estuvimos en el acto de homenaje a Vicenç Arias, el amigo que todos quisimos tener y que nos dejó hace un mes. La Fundació Catalana de l’Esplai puso su nombre al refugio junto al embalse de Camarasa, un lugar estupendo para campamentos y actividades de aventura. Suena muy bien: Refugi Vicenç Arias.

Una vez más nos volvimos a encontrar un puñado de amigos contentos por el hecho de vernos y tristes por el vacío que todavía notamos. Antes de llegar al refugio, Frederic y yo dimos una vuelta por la Baronía, una zona de acampada actualmente abandonada.

La maleza invadía el llano donde solíamos instalar la carpa del comedor y hacía imposible acercarse al agua transparente; los árboles caídos por las tormentas ocupaban buena parte de la zona de bosque donde montábamos las tiendas; por todas partes había restos de obra destruída de no se sabe quién: cables, ladrillos, trozos de cemento, tubos…

A diferencia del Refugio Vicenç Arias, limpio y vivo, la Baronía me pareció un triste fantasma. No pudimos evitar dejarnos llevar por la nostalgia. Había sido la primera zona de acampada que nos permitió descubrir la belleza agreste y seca del Montsec.

El escenario de nuestras primeras piraguas construídas con bidones, de nuestros primeras noches al raso en la orilla del embalse, y de los últimos campamentos robinsonianos antes de ceder al “noquierolíos-loquierotodohecho”.

 Creo que la nostalgia es como la gripe, un virus aparentemente benigno que, a pesar de ello te puede dejar baldada. Igual que la gripe, hay que dejarla pasar sin ponerse nerviosa. No regodearse en ella, ni huír de ella, pero tenerle respeto y colocarla en su sitio.

Por eso soy partidaria de destinarle máximo diez minutos, saboreándola como si fuera un caramelo amargo. Y luego, a otra cosa mariposa.

Compartir conocimiento

El viernes pasado me reuní con educadores de 5 esplais (clubs de tiempo libre) de L’Hospitalet de Llobregat.

Convocaba el Esplai La Florida, y acudieron los esplais Can Serra, Pubilla Cases, Sanfeliu y Bellvitge.  ¡Todos estos centros llevan el nombre de su barrio!

El motivo del encuentro era compartir conocimiento, reflexión y experiencia en torno al proyecto Joves pel barri.

Este proyecto es una estupenda práctica de aprendizaje-servicio y fue iniciada conjuntamente hace tres años por  el Esplai La Florida y el Instituto Eduard Fontserè.

En ella, los jóvenes estudiantes, después de una formación específica con los monitores del esplai, colaboran con ellos en la atención a los niños y niñas más pequeños.

María Noel, Esther, las dos Nurias, Xavi, Anaïs, Marta, José Luis, Ana, Silvia, Júlia y Susagna, al decidir compartir sus experiencias para mejorarlas y consolidarlas, estan decidiendo otras cosas valiosas:

  • Reforzar el trabajo en red de los esplais con los institutos y el profesorado y, en  consecuencia, mejorar la cohesión social de los barrios y la identidad comunitaria de los esplais.
  • Multiplicar el impacto del proyecto, facilitando que llegue a más adolescentes.

¡Cada vez está más claro que es necesario enterrar el hábito del siglo pasado consistente en apropiarse egoístamente del conocimiento en lugar de divulgarlo!

Antinomias del voluntariado

Estoy participando en una comisión que discute medidas de apoyo para un determinado tipo de asociaciones de educación en el tiempo libre, aquellas que se basan exclusivamente - o casi - en el trabajo voluntario de sus miembros, normalmente personas jóvenes.

En estos debates suele aparecer tarde o temprano una antinomia clásica en el mundo del voluntariado. Me refiero a la antinomia deber de servir versus el derecho al trabajo voluntario.  

El deber de servir supedita el trabajo voluntario a la causa: la persona voluntaria no puede hacer lo que se le antoja, ni lo que más le gusta ni lo que más le divierte, sinó que debe centrarse en lo más necesario. Es decir, debe apartar la mirada de su ombligo, situando la responsabilidad social por encima de su iniciativa personal.

Sin embargo, para la madurez de nuestra democracia, es importante el derecho al trabajo voluntario, es decir, el derecho a tener iniciativa, comprometerse con la sociedad y aportar alguna cosa en su mejora. Mirar hacia este polo de la antinomia representa contemplar el aspecto subjetivo y en sí mismo valioso del compromiso voluntario. Es la otra cara de la moneda.

En el caso de las asociaciones de voluntariado cuya misión es la educación en el tiempo libre de niños y niñas, creo que esta antinomia debe tratarse con especial cuidado. Es necesario y valioso que los monitores se sientan protagonistas, imaginen, sean  creativos, decidan lo que la asociación debe y no debe hacer. Pero en tanto en cuanto los destinatarios son menores de edad, esta iniciativa  no puede ser un valor absoluto, sino que debe combinarse adecuadamente con la responsabilidad.

Por poner un ejemplo, el hecho de que el trabajo de los monitores sea voluntario no debería ser una coartada para justificar actividades o proyectos de poca calidad, o que pusieran en riesgo a los niños y niñas.

Las antinomias están para reconocerlas y, si es posible, encontrar el punto de equilibrio, de sintesis o de combinatoria. En cualquier caso, la formación de los educadores en el tiempo libre debe identificarlas y afrontarlas.

Y puesto que la iniciativa ciudadana es un valor irrenunciable en nuestro concepto de  democracia, cualifiquémosla con la dosis correspondiente de responsabilidad. Las medidas de apoyo a este tipo de asociaciones deberían inspirarse en el estímulo a la iniciativa y la exigencia de responsabilidad.

Actualizar el club de tiempo libre

El próximo día 21 de enero se presenta en Barcelona un libro sobre los centros de esplai  (clubs de tiempo libre ).  Se titula Els centres d’esplai ara i aquí. Les 10 qüestions clau per impulsar l’educació en el lleure. Estuve colaborando intensamente en su redacción, que duró unos 9 meses, ¡como un embarazo!.

El libro es el resultado de un proceso de elaboración colectiva y participativa en el seno de la Fundación Catalana de l’Esplai, que reúne las aportaciones de personas muy diversas, todas ellas implicadas en la educación en el tiempo libre de niños, niñas y jóvenes.

Hacía tiempo que se veía necesario actualizar los discursos y premisas con las que funcionaban los clubs de tiempo libre. La mayoría de las reflexiones se habían gestado en el siglo pasado, antes del impacto de las TIC, por poner un referente histórico clave.

Era necesario hacer un ejercicio de fidelidad creativa: rescatar los elementos irrenunciables, descartar los obsoletos e incorporar los cambios imprescindibles para adaptarse a la sociedad, la infancia y las familias del siglo XXI. Y hacer todo esto huyendo del narcisismo y de la endogamia, dos riesgos desgraciadamente frecuentes en el sector asociativo.

Se trataba de elaborar un documento ágil, fácil de leer, que funcionara como un denominador común, pero que al mismo tiempo permitiera a cada club de tiempo libre construir su propia personalidad pedagógica en función de las características de su entorno concreto.

Hemos utilizado la imagen gastronómica de la pizza: el documento es algo así como la masa común para un repertorio de muchas variedades: vegetal, tropical, margarita, barbacoa… Hace unos días compartí un debate sobre el libro con el equipo de monitores y monitoras del Club Sanfeliu, y las reflexiones, como las pizzas, salieron coloristas y sabrosas.

Prácticas que florecen

Esplai La FloridaEl miércoles día 7 de octubre fue realmente muy florido. Recibí ramos de flores de mi familia, porque era el día de mi santo; hizo un tiempo más primaveral o incluso veraniego que otoñal; y para acabarlo de rematar tuve una estupenda reunión con Esther, Raquel, Núria y Anna, cuatro educadoras del esplai (Centro de Tiempo Libre) de La Florida.

La Florida es un barrio de L’Hospitalet de Llobregat de alta densidad, típico urbanismo caótico de los años 60 y un elevado índice de inmigración, sobretodo latinoamericana. A pesar de que no parece especialmente bonito, ni tranquilo, ni elegante, ni cómodo, es un lugar lleno de energía y con iniciativas como la del esplai, que mejoran la calidad de vida y la cohesión social a partir de la confianza en los niños y jóvenes del barrio.

El Esplai La Florida es un centro veterano en la aplicación del aprendizaje-servicio. Además, desde hace tres años colaboran estrechamente con el instituto de secundaria Eduard Fontserè en este tipo de proyectos.

Nos reunimos precisamente para explorar y discutir posibilidades de nuevas prácticas de aprendizaje-servicio en edades y ámbitos bien diferentes:  en el comedor escolar,  en el deporte, con los niños y niñas pequeños… Es una de esas reuniones en que sales vitaminada, con las pilas cargadas, los niveles de optimismo repuntando.

Las prácticas educativas del Esplai La Florida hacen honor al nombre del barrio: florecen porque son sencillas, se las abona y cuida con esmero, se quitan las hojas secas, se riegan sin encharcar. Y no se reemplazan por capricho: la constancia también forma parte del secreto.

Innovar en la educación en el tiempo libre

Pinya FCETodavía con la música de la jornada Update resonando en mi cuerpo, he compartido esta mañana un espacio de intercambio con responsables de los centres d’esplai (clubs de tiempo libre) de la Federació Catalana de l’Esplai.

Se trataba de empezar a saborear un documento base que recoge 10 reflexiones clave para el futuro de estas iniciativas. Este documento se empezó a elaborar hace más de un año y medio, y ha sido debidamente triturado, martirizado y enriquecido por parte de unas 90 personas. Como cualquier otro sector, los centres d’esplai deben ponerse al día y mejorar la calidad para no quedarse obsoletos.

Este trabajo de elaboración colectiva ha sido un ejercicio de lo que algunos llaman fidelidad creativa: mantener lo que es irrenunciable, todavía vigente y valioso; desechar lo que se ha quedado caduco o irrelevante;  e imaginar nuevos planteamientos y soluciones para los tiempos que corren.

Lo mejor de la jornada ha sido comprobar que las personas que tienen que innovar (o sea, explotar lo valioso que ya se tiene y explorar lo valioso que no se tiene) disponen de suficiente flexibilidad, imaginación y pasión para introducir los cambios que haga falta.

En buena parte se han empezado a introducir ya, como consecuencia de la permeabilidad de estas iniciativas a las necesidades educativas y sociales de sus comunidades.