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Pese a haber trabajado en la escuela la asignatura de educación para la ciudadanía, creen que los inmigrantes quitan puestos de trabajo a los nacidos aquí, son incívicos o colapsan los servicios sanitarios. 

Esta afirmación publicada por SER Catalunya, relativa al estudio impulsado por el DHiGeCs (Departamento de Historia, Geografía y otras Ciencias Sociales) de la Universidad de Barcelona, fue la que más me dio que pensar.

El estudio se refería a las actitudes de los adolescentes catalanes y revela que más del 70% están en contra de la inmigración por motivos económicos. La muestra se centraba en alumnos de 4º de la ESO de 30 centros educativos y apuntaba que casi el 14% estaría dispuesto a votar partidos xenófobos.

Pues sí, da para reflexionar un rato largo… ¿qué estamos haciendo mal? Hasta leer la noticia en la prensa, mi impresión -absolutamente intuitiva y carente de base científica- había sido que precisamente las escuelas e institutos han estado insistiendo mucho en las últimas décadas acerca de la inmigración y la interculturalidad, fomentando valores de respeto y defensa de los derechos humanos. Pero parece que no ha sido suficiente.

Además, para mayor perplejidad, los resultados permiten concluir que ni el sexo, ni las creencias religiosas, ni el hecho de asistir a un centro escolar con más o menos porcentaje de inmigración en el aula, ni tampoco el nivel socioeconómico y cultural del estudiante o del conjunto de las familias que asiste al mismo centro, influye de manera sustancial en los estereotipos, prejuicios, o en la actitud hacia la diversidad y el pluralismo cultural.

Los pedagogos consultados opinan que más allá de una asignatura concreta, las causas de las desigualdades y de la inmigración deberían estudiarse de manera transversal en proyectos de centro que abarquen todas las áreas. Estoy de acuerdo y me gustaría añadir algunas reflexiones más:

  • El conocimiento de un problema contribuye a cambiar la actitud frente al mismo, pero debemos admitir que no lo garantiza del todo. Actúa como un factor de protección, pero no es infalible.
  • El respeto y la tolerancia pueden ser vividos de manera pasiva, en la línea cómoda de no generar conflicto, pero tampoco implicación o compromiso activo. Y entonces puede ser también insuficiente.

Creo que todavía no nos creemos del todo que pertenecemos a una parte privilegiada y minoritaria del planeta, aquella que puede vivir más o menos en paz y comer tres veces al día.

Habrá que leer con atención el informe (IN)visibles. L’estat del racisme a Catalunya 2016. Se trata de un documento único que recoge el estudio de los casos de discriminación racista atendidos en el Servicio de Atención y Denuncia para víctimas de racismo y xenofobia. Una herramienta excepcional que cada año, desde hace 8, publica SOSRacisme.

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