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20 bicicletas estropeadas. Un grupo de reclusos con capacidad y ganas de aportar algo positivo al entorno. Un grupo de adolescentes con pilas alcalinas…

La asociación gallega APES  (Asociación para la prevención de la Exclusión Social) no necesita mucha cosa más para idear y llevar a cabo una actuación sencilla y utilísima.

Como en tantos proyectos de aprendizaje-servicio, se trata de trabajar en colaboración. En este caso, los internos del Centro Penitenciario Pereiro de Aguiar lo que hicieron fue reparar las bicicletas. Y los alumnos de los colegios Concepción Arenal, Luis Vives y Divina Pastora investigaron, pensaron y discutieron qué uso solidario les iban a dar.

Finalmente decidieron que las entregarían a entidades que trabajan con personas con discapacidad; a familias con necesidades económicas y a entidades de cooperación con África.

Podemos darle mil vueltas al proyecto y ver en él muchos otros valores: la reducción de residuos, al reciclar bicicletas que irían al desguace; el acercamiento de dos colectivos que no tienen nada que ver unos con otros, adolescentes y presos…

Pero en cualquier caso, está claro que la clave del éxito son los educadores imaginativos y audaces, capaces de creer en las capacidades de todos; hacer cosas con sentido y empeñarse en  hacerlas juntos.

Aquí tienes el vídeo del día de clausura.

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