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Anteayer y ayer asistí a unas estupendas jornadas sobre el estado de la educación y sus prioridades en Cataluña, organizadas por la Fundación Jaume Bofill.

Me gustó mucho el planteamiento equilibrado de este evento, basado en el anuario 2011, una investigación muy completa de la cual se destilaron tres debates intensos y sinceros.

Un hallazgo conceptual que me pareció muy sugerente es el de las cinco dimensiones del éxito educativo. En el lenguaje e imaginario popular, el éxito educativo está limitado al rendimiento académico.

Pero en realidad el éxito es poliédrico y cuando te lo explican, lo ves con mucha claridad:

  1. El rendimiento académico (¡por supuesto!)
  2. La equidad educativa, promoviendo la igualdad de oportunidades en el acceso, en el aprovechamiento de los recursos educativos y fomentando la cohesión social.
  3. La adhesión educativa -creo que esto es básico- es decir, la identificación  y vinculación positiva de las personas con la educación.
  4. La transición educativa: el acompañamiento de las personas en su trayectoria formativa a lo largo de la vida.
  5. El retorno de la inversión en educación, promoviendo el aprovechamiento del capital educativo.

Me quedo también con la reflexión lúcida y provocadora de que el éxito educativo exige combatir los niveles de pobreza que tenemos (26 % de infancia pobre respecto al 11% de Finlandia).

La pobreza no es la escenografía, ni siquiera el agravante. Es la principal causa de alejamiento de la educación.

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