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Acabo de sumarme a la Comunidad de los Proscritos, esto es, a los que vamos a defender la Tasa Robin Hood, la minúscula tasa a las transacciones financieras.

Aplicando tan sólo el 0,05% de promedio sobre las transacciones financieras a nivel internacional, se recaudarían más de 300.000 millones de euros cada año. En España, podrían alcanzarse hasta 6.300 millones de euros.

Después de leer entre siete y ocho libros sobre la crisis, después de lamentar la falta de movilización popular, después de sentir vértigo al pensar en el mundo que estamos construyendo para nuestros hijos y nietos, estoy ya un poco harta de no hacer nada y pensar demasiado.

¡Se acabó! Hacía siglos que no oía la palabra proscritos, que siempre me suena a las aventuras de Guillermo Brown, uno de mis héroes de infancia.

Creo que los argumentos para imponer esta tasa son tan contundentes e irrebatibles, que sólo una mente enferma o perversa podría negarse a ella. Este vídeo, subtitulado en español, es implacable: The Robin Hood Tax.

Y, sin embargo, no me cabe la menor duda de que puede ir para largo. Y que habrá personas que se opondrán aduciendo cualquier tontería. Preferiría pensar que la causa de la oposición es la ignorancia, la confusión o la enfermedad mental. Pero creo que la perversidad existe.

Lo que ocurre es que tenemos que despertar y sacudir nuestra iniciativa, compromiso, creatividad, optimismo, para enfrentarnos a ella. Como Robin Hood.

¿Quieres entrar en el bosque de Sherwood?

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