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Hay instituciones que premian el compromiso y la solidaridad, como la Diputación Foral de Vizcaya, que el día 13 otorgó el Premio Utopía  al amigo Perico, José Antonio Pérez Arróspide.

Con Perico hemos compartido y compartimos diversos proyectos, como la Fundación Esplai y la Fundación Zerbikas. Me encanta que le hayan dado este premio, porque Perico, si fuera una isla, sin duda sería isla imaginaria de Tomás Moro.

Toda la isla semeja una figura de luna nueva, y esta figura tiene quinientas millas de extensión superficial. Separa ambos extremos una distancia de once millas; entre ellos pasa un vasto y ancho mar, que por razón de estar circundado de tierra por todos lados se halla resguardado de los vientos, cuyas aguas, quietas como las de un lago, no levantan grandes olas; adentro es como una suerte de obra, y los habitantes de la isla sacan gran provecho de las naves que arriban a todas partes de ella.

Perico como persona-paisaje, encarna ese mar de aguas tranquilas entre los brazos de la isla. Por eso tiene sentido el premio que ha recibido, no sólo por su labor honesta como político y como responsable de la sociedad civil.

Como dijo Oscar Wilde, un mapa del mundo que no incluye Utopía no es digno de echarle una mirada.

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