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logo MalaverHe visitado vuestro barrio varios años, alojándome a veces en casa de Alberto. La historia del barrio me fascina y me recuerda, salvando el Atlántico, la de muchos barrios donde la dignidad era -y es- la lucha obstinada de cada dia.

Es bien cierto lo que decís en vuestro reportaje: estos procesos de lucha vecinal aparentemente sirven a una causa concreta, pero luego resulta que arrastran muchas otras cosas buenas: más formación, más cohesión social… y el “ascensor social” tan necesario para la autoestima personal y la de una comunidad.

La pequeña nostalgia que mostráis con sinceridad (cuando se podían dejar las puertas abiertas, cuando todo el mundo se relacionaba…) forma parte del camino hacia adelante, siempre sinuoso.

Malaver-Villate no es un barrio con suerte, porque su progreso no es fruto del azar. Es un barrio con personas que utilizaron y desplegaron su inteligencia, movilizaron recursos, perseveraron. Y ahora pueden sentirse tan orgullosas como sabias.

¿Por qué me parece siempre que voy a Argentina que hay tantos héroes cotidianos y auténticos como en Malaver-Villate?

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