Perderse queriendo es buscar el placer de vagar por la montaña, sin más objetivo que la contemplación y el puro disfrute. Sorprender una ardilla, identificar el uuu, u-uuu de un mochuelo, descubrir que las moras todavía no han madurado, o que se ha alargado el tiempo de las frambuesas… Más que perderse, eso es encontrarse a sí mismo.

Nada de estas microfelicidades tiene que ver con la angustia de estar desorientado, que anochezca, esté a punto de llover, empiece a trona, uno se haya ol