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No es lo mismo ser competente en una área de conocimiento que ser sensible a ella. Esta frase de Josep María Lozano se me quedó grabada hace 22 años. Fue en el contexto de una seminario de formación para dirigentes asociativos.

En aquel momento vivíamos también una crisis económica. Las organizaciones sociales, además, experimentábamos cierta desorientación cuanto a objetivos y medios, creo que derivada del llamado desencanto de los años 80.

La frase de Lozano venía a cuento de lo difícil que resulta, a veces, armonizar los objetivos sociales de una entidad con los criterios de sostenibilidad económica.

Si la asociación se mantiene pequeña, basada en el voluntariado, con poca estructura y poco impacto, tal vez no se produce ninguna contradicción.

Pero si la asociación crece en impacto y para ello se dota de una estructura más profesional, muchas veces se produce un desencuentro entre las personas dedicadas a la causa (educadores, psicólogos, trabajadores sociales…) y las personas dedicadas a asegurar la supervivencia económica del proyecto (gestores, gerentes, administradores…).

Son como dos culturas que coexisten rozándose y en un estira y afloja más o menos intenso. El caso es que las personas centradas en la causa no suelen saber cómo hacer un presupuesto equilibrado, de dónde sacar fondos, cómo equilibrar los problemas de tesorería, etcétera.

Y, por otro lado, las personas dedicadas a la gestión no suelen hacerse cargo de lo que representa atender a la causa, absorbidas cómo están en la búsqueda y estabilización de recursos escasos.

Creo que no se puede pedir que todo el mundo sea competente en todo. Pero sí se puede y se debe pedir sensibilidad hacia “la otra tarea”.

Aceptemos que un educador no sepa contabilidad, pero es necesario que sea sensible al coste de las actividades educativas y que no desdeñe la vertiente económica de su proyecto.

Lo mismo con los gestores. No se les puede pedir que sean competentes en el trabajo educativo o social, pero sí que sean receptivos y sensibles a esta tarea (que, en definitiva, es la razón de ser de la entidad social) y empaticen con los que se dedican.

Creo que la reflexión sobre esta sinergia entre competencia y sensibilidad sigue teniendo sentido a día de hoy.

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