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Desde el perfeccionismo no se innova, afirmó Amalio Rey en la V Jornada Anual del Instituto de Innovación Social de ESADE.

El jueves pasado asistí a este evento y disfruté del estupendo workshop de Amalio, fundador de Emotools. ¡Qué bien va cuando alguien experto pone razones y palabras a tus intuiciones!.

Como ex-perfeccionista, comparto al cien por cien esta mirada crítica. Para innovar -dice Amalio- hay que abaratar el error, y la verdad es que una no está dispuesta a admitir fallos cuando ha dedicado horas y horas a elaborar algo lo más completo posible.

Esto tan sencillo y a la vez tan difícil de asumir lo he ido aprendiendo sin darme cuenta, a través de proyectos de trabajo en equipos más o menos heterogéneos, en los que había que construir algún documento colectivo.

Para ese empeño, suele funcionar bien el partir de un documento-mártir, que quiere decir imperfecto, en fase beta, triturable, ave fénix…

El documento-mártir lo escribe alguien que tiene que estar dispuesto a rehacerlo y completarlo, renunciando a aspectos en los que tal vez había puesto mucho empeño.

Porque si una intenta llevar al grupo algo completo, cerrado y acabado, con ínfulas de perfección, ocurre que el resto del grupo no participa ni se implica, y, si lo intenta, se levantan todas las resistencias posibles a admitir cambios. Resultado: no se innova.

Saco algunas conclusiones:

  • El motor (¡y la coartada!) de la perfección es, frecuentemente, un sentimiento de responsabilidad personal mal enfocado.
  • La perfección es un proceso, no un estado final cerrado, y el grupo -no el individuo- es el caldo donde  se cuece este proceso.
  • Tolerar la imperfección es un aprendizaje bastante duro. Sobretodo para los que ya tenemos una edad y nos educamos en la tonta creencia de que hay que ser más listos y más perfectos que nadie.

 

 

 

 

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