Mi amiga Leire entró hace unos días en una tienda especializada en productos lácteos. Buscaba yogur de cabra. No vio ninguno en las estanterías y se dirigió al mostrador:

– ¿No tienen hoy yogur de cabra?

– No – respondió secamente la dependienta.

– ¿Y cuándo van a tener?

– No lo sé. Punto. Sin más explicaciones. Como quien dice: Hala, espabila que ya te puedes marchar.

La misma dependienta, en otra ocasión, había casi abroncado a una anciana que estaba contando las monedas que tenía para pagar su compra, porque, según ella, debería haberlo hecho antes de entrar en la tienda para no retrasar a los demás. ¡Viva la amabilidad, la consideración y la atención al cliente!

Eso se llama trabajar de malhumor, que es lo mismo que trabajar mal, en concreto en un oficio cara al público. Trabajar así no ayuda a nadie, por supuesto tampoco al comercio, ni mejora para nada la vida del que así se comporta. Cuanto más de mala leche estás, más te crispas y te amargas por dentro.

Todos podemos contar anécdotas de personas que no hacen bien su trabajo y como consecuencia perjudican a los demás. Vale, a veces se trabaja mal por circunstancias externas a la voluntad de la persona trabajadora, pero no me refiero a estos casos, sino a la desidia enquistada y a veces deliberada, la ausencia de compromiso en la tarea, que no deja de ser ausencia también de empatía con la gente.

Esto viene a cuento de que mañana lunes tengo una cita virtual en Valencia que se llama “Cafè dels projectes” y me toca hablar con docentes acerca de evaluación en los proyectos de aprendizaje-servicio.

Pues bien, revisando la presentación que tengo y que voy actualizando desde hace años, creo que he cometido el craso error de no subrayar en ella lo suficiente la importancia de los factores indicadores de compromiso con el trabajo que se lleva a cabo.

A estas alturas del partido -como dirían los argentinos- ya sabemos que aunque sea voluntario, en los proyectos de aprendizaje-servicio el servicio es trabajo. Es tarea. Es hacer. Y se pueden hacer las cosas bien o mal. Cuando una se esfuerza en hacer las cosas bien, hay compromiso. Y cuando no, pues no.

Por eso mañana, que la cosa va de evaluación, voy a resaltar el triángulo del compromiso, conformado por tres aspectos evaluables de sentido común: la asistencia, la puntualidad y la tarea bien hecha.

Es bastante fácil de entender. En el servicio a la comunidad:

  • Chicos y chicas no pueden faltar ningún día. Les están esperando. Se han comprometido. No pueden dejar colgadas a las personas destinatarias. Además, si una falta, carga más trabajo sobre el resto del equipo.
  • Se debe llegar más que puntual, lo cual quiere decir por ejemplo15 minutos antes y no marchar antes de acabar. Imagínate que el servicio consiste en contar cuentos a alumnado de una escuela infantil cercana. Hay que llegar antes porque hay que preparar la sala, hablar con las maestras, asegurar los cuentos, revisar que todo esté en orden e incluso ir al baño y arreglarse un poco. Además, la puntualidad implica no marchar antes de tiempo, lo que sería desconsiderado y poco solidario con los que se quedan responsablemente hasta el final.
  • El resultado del servicio debe ser un trabajo cuidado y pulido, sin muestras de dejadez ni malos acabados. ¿El servicio es un concierto en una residencia de ancianos? Pues los instrumentos tienen que estar afinados, las canciones bien ensayadas, la megafonía al punto, los ritmos del espectáculo bien gestionados… ¿El servicio es una campaña de difusión de una causa? Pues los carteles y trípticos tienen que estar sin faltas de ortografía; si son artesanales, tienen que ser doblemente bonitos y se tienen que leer bien; si hay vídeos, la edición tiene que ser correcta y la difusión no dejada a la mano de Dios. Cualquier resultado tiene que ensayarse muchas veces para que salga bien. Objetivo: cero mediocridad. ¡Que ya bastante tenemos!

A veces, la evaluación en el aprendizaje-servicio se nos antoja muy compleja, porque al ser proyectos tan globales hay muchos aspectos a evaluar. Nos podemos marear intentando hacer infinidad de rúbricas de observación sobre infinidad de competencias, que pueden acabar arrinconadas por no poder abarcarlas todas ni mucho menos para el conjunto de chicos y chicas.

Escojamos pocos aspectos a evaluar. Los que más nos interesen. Pero no nos olvidemos de lo que nos dicta el sentido común, porque, en los proyectos de aprendizaje-servicio, entre otras cosas se puede aprender a trabajar bien, una lección que es para toda la vida.

No en vano el sentido común es la base de la educación.