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Una frase de Daniel Innerarity acerca de la democracia me ha dado mucho que pensar estos días.

Afirma el filósofo que la principal amenaza de la democracia no es la violencia, ni la corrupción o la ineficiencia sino la simplicidad, entendiendo ésta como la simplificación de quien ofrece unos conceptos políticos que no tienen en cuenta la riqueza de la sociedad y de los nuevos entornos o bien de quien ofrece un consuelo pasajero, una clarificación engañosa del panorama en que nos encontramos.

En una entrevista concedida a El País, Innerarity ilustra esta tendencia con el ejemplo de Donald Trump o Boris Johnson: Quien habla de construir un muro para delimitar un espacio, eso lo entiende cualquiera. Quien habla de recuperar un control que habíamos perdido, eso lo entienden más de la mitad de los votantes británicos.

Efectivamente, lo simple, tosco y polarizado se entiende siempre muy bien. Bueno, pues esto me preocupa también en el ámbito de las relaciones y la comunicación entre las personas.

Me doy cuenta que, cada vez más, cuando hablo en público -y un poco también en conversaciones informales- acabo subrayando determinados conceptos con negrita imaginaria, haciendo una pausa, o repitiendo el matiz para que no pase desapercibido.

Por ejemplo, si afirmo “algunas veces…” inmediatamente tengo que aclarar “he dicho algunas veces, no he dicho siempre”. Si digo “muchas personas…” acto seguido tengo que aclarar “no digo que todas, digo muchas” y así hasta la extenuación.

Los matices no molan, esto es evidente. Pero ¿me estaré volviendo pejiguera y pesada? ¿realmente son necesarias o todas estas puntualizaciones responden a un exceso de celo por mi parte?

La verdad es que no me queda claro. Este afán mío por hacer evidente el matiz me lo he descubierto a mi misma y creo que lo he desarrollado sin apenas darme cuenta, de manera instintiva.

No obedece a una estrategia didáctica intencional y calculada, sino más bien a un esfuerzo espontáneo en no ser mal interpretada. Pero es muy cansado… y me da un poco de rabia.

Recuerdo que en las novelas de Agatha Christie al final del libro -¿o era al principio?- aparecía el listado de los personajes con una breve descripción para que no te perdieras en la lectura. ¡Una lo agradecía mucho! Cada vez que no recordabas quien demonios era Sir Richard Jameson ibas al listado, lo identificabas y podías seguir leyendo…

Tal vez ahora, antes de hacer una intervención en público va a ser necesario avanzar un listado de precisiones:

Muchas veces no quiere decir siempre.

Bastantes personas no quiere decir todas.

En contadas ocasiones no quiere decir nunca.

Tal vez quiere decir que no estoy del todo segura.

No estoy del todo segura quiere decir que podría ser que sí y podría ser que no.

Si la simplificación contamina también la comunicación interpersonal, acabaremos que no nos entenderemos y esto es dramático. ¡Hay que sacudirse cuanto antes la pereza de no matizar ni atender a matices!

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