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Que quede claro de entrada que me encanta jugar. A cartas, al pictionary, a buscar un tesoro, a pichi y a muchísimas cosas más. Con movimiento o no, con estrategia o al puro azar, juegos de resolver enigmas, de pruebas físicas, de orientación, psicomotrices, de persecución…

Me encantan los juegos competitivos, me gusta ganar y no me disgusta perder. Lo digo porque, a pesar de que me gusta jugar, no todo me cuadra. Y en algunos juegos no sé qué pensar.

A veces, cuando dices «no sé que pensar», tienes que ponerlo en mayúsculas y negrita, porque sino se sobreentiende que estás en contra. Es lo que tiene vivir en una época donde no abunda la atención y la receptividad a los matices. ¡Maldita manía de clasificar cualquier opinión en blanca o negra!

Bueno, pues no sé qué pensar respecto al juego Plague Inc., un juego de estrategia donde se trata de crear un virus y extenderlo por la humanidad.

Se gana si se consigue contagiar a todo el mundo y se pierde si se consigue encontrar una cura o quedan supervivientes. Un poco macabro sí que es. ¡Por lo menos podría ser al revés!

Bueno, pues parece ser que este juego se volvió muy popular cuando lo del ébola y ahora ha vuelto a hacerse viral -valga la redundancia- con la epidemia del coronavirus.

Leo que para los creadores del juego, éste puede ayudar a prevenir la infección, puesto que los jugadores deben comprender cómo se comporta una epidemia y cómo se combate.

Me parece un argumento un poco pillado por los pelos. A ver, de entrada creo que es de una frivolidad inmensa jugar con una tragedia bajo la excusa de que eso ayuda a comprenderla.

Pero luego me digo a mi misma que tal vez soy un poco rígida y anticuada -para ser concretos, vieja- y que igual sí que es verdad que jugando a desgracias se consigue una sensibilización que por vías más convencionales no se alcanza.

Sin embargo, repito que no estoy segura. Pero pienso que a veces sobrevaloramos la creatividad y el ingenio, como si fueran capacidades benéficas por si mismas y no importara tanto en qué se emplean. Me explico:

Con la lógica del Plague Inc podríamos inventar un juego basado en el Holocausto, en el cual la finalidad fuera exterminar cuanto a más judíos mejor. O bien un juego para quemar cuantos más bosques mejor, o hundir en la miseria a cuanta más población mejor.

¡Seguro que encontraríamos la manera de justificarlo educativamente! Podríamos argumentar hasta qué punto favorecerían esos juegos «la comprensión» e incluso «la sensibilización» frente a los problemas gravísimos que abordan.

Todo puede ser un ejercicio de cinismo y una manera de hacer dinero aprovechando la alarma social. O tal vez no, sino que para muchas personas, en particular jóvenes, esta práctica es ahora mismo la única o más eficaz manera de tomar conciencia de un problema.

Sinceramente, a mi lo que me gustaría es que para comprender los desastres sociales, sanitarios o ecológicos no hiciera falta jugar a nada. Tenemos videos, imágenes, noticias en tiempo real, infogramas, cantidad de recursos didácticos… ¿De verdad es mejor un juego para comprender una tragedia?

Me gustaría reservar los juegos para las cosas bonitas de verdad.

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