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Confieso que me impacienta un poco la facilidad con que algunas personas -y creo que cada día son más- pasan de una preocupación, de un interés, de una adhesión o de un compromiso a otro sin conservar gran cosa de lo que acaban de dejar.

Ocurre en las Administraciones Públicas, en las empresas, en las universidades, incluso en las ONG. No, no creo que sea una tendencia mayoritaria, pero si creciente… y preocupante.

Es como si la inconstancia fuera lo normal. Ahora toca esto y mañana lo otro. En temas más o menos triviales o lúdicos casi es divertido y no tiene mayor importancia: con el tiempo te cambian los gustos musicales, cinematográficos, gastronómicos, deportivos…

Pero tratar los temas sociales con la misma ligereza con que pasamos de ser aficionados al western a aficionados a la ciencia ficción, me parece una frivolidad imperdonable.

A riesgo de parecer mentalmente rígida o intransigente -cuando no conservadora- creo en el poder del esfuerzo persistente, en la tenacidad y la constancia. Sin constancia no se provoca ningún cambio, no se hace ninguna revolución, por eso me parece una cualidad revolucionaria en los tiempos que corren e imprescindible.

Hay admirables ejemplos de perseverancia en la Campaña CIES NO, cuyos miembros en Valencia se concentran todos los últimos martes de mes en el Centro de Internamiento de Extranjeros de esta ciudad para hacer valer su voz en defensa de los derechos humanos, implicando ilustradores y poetas en su campaña Ciérralo con arte.

Y en la buena gente del Espai de Ciutadania de L’Hospitalet, que se reúnen todos los últimos lunes de mes en l’Acollidora -una escultura que representa el carácter acogedor de esta ciudad- para posicionarse en defensa de los derechos de las personas refugiadas y reclamar poderlas acoger, ofreciendo a la ciudadanía un concierto a cargo de alumnado de la Escola Municipal de Música i Centre de les Arts.

Ambas iniciativas tienen en común el reunir gente de muy diversa procedencia, el vincular el arte a la reivindicación y, sobre todo, el no ceder al cansancio.

También hay admirables ejemplos de perseverancia en los proyectos educativos que se presentan a los Premios Aprendizaje-Servicio cada año. Por eso me sulfura oír de vez en cuando comentarios frívolos por parte de enamorados de la innovación (¿o debería llamarles Innovation Lovers?) del tipo Bueno, este proyecto no es muy innovador, ¿verdad? ¡Es lo que hacen cada año!

Pues sí, hay centros educativos y entidades sociales que se mantienen firmes año tras año en el compromiso de destinar esfuerzos…

… a acompañar a las personas mayores en riesgo de soledad. Y no se cansan y no cambian.

… a organizar campañas de donación de sangre en el barrio. Y no se cansan y no cambian.

… a reforestar el bosque. Y no se cansan y no cambian.

… a fabricar artefactos que facilitan la vida a personas con discapacidad. Y no se cansan y no cambian.

En lucha permanente por una causa en la que creen, son las personas constantes, las imprescindibles, las que evocan la poesía de Bertold Brecht:

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

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