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Cualquier cima merece un respeto, pero un tres mil siempre me genera una mezcla especial de ilusión e inseguridad: ¿estaré en forma? ¿será demasiado difícil…?.

Estando en la zona de Maurienne, en los Alpes Franceses, uno de los objetivos lógicos era el Grand Galibier, al este del famoso Col du Galibier.

Nos habíamos entrenado previamente subiendo al Pic Blanc de Galibier, habíamos esperado el parte del tiempo más favorable y ya no quedaba otra: había que intentarlo.

Escogimos la vía que pasa por el Couloir Termier, una canal que lleva al collado del mismo nombre, porque, aparte de cubrir un desnivel menor que la vía normal,  nos pareció más atractiva y aventurera… ¡y ya se sabe que la cabra tira al monte!

Pues no nos defraudó en absoluto: bastante más larga y variada de lo que habíamos imaginado, con pasajes de trepe y destrepe hasta un buen 2º grado, en algunos casos aéreos y expuestos…

Estas fueron nuestras etapas:

A las 08:22 dejamos el coche a 2.514 m., muy cerca de la boca sur del túnel del Col de Galibier, en una pequeña esplanada en curva de la carretera. El ambiente era fresco y transparente.  Iniciamos un sendero evidente, aunque sin ningún indicador ni señalización de pintura, en dirección al Couloir Termier.

El camino discurre en suaves ondulaciones, bajo la cresta de Galibier (la que va del Pico al famoso collado del mismo nombre) subiendo y bajando un poquito, sin apenas ganar desnivel, atravesando zonas herbosas y zonas de pedreras.

A las 09:30 llegamos al pie del Couloir. El sendero se vuelve bastante fastidioso, de esos que a la mínima resbalas hacia abajo y se va encajando en la canal, pero afortunadamente se desvía hacia la derecha en el primer tercio, apartándose del eje, vertical y peligroso por la caída de piedras.

Una gran flecha blanca marca el desvío a tomar, pero hay que estar atentos para verla. No hay senda propiamente dicha, sino un poco de rastro pisado, algunas marcas blancas y bastantes hitos, que jalonan un terreno más sólido que el eje de la canal. Aquí empezamos a trepar y a echar de menos los cascos, porque las caídas de piedras son inevitables.

A las 10:48 llegamos al Col Termier, a 2.884 m., y salimos ya definitivamente del Couloir, habiendo invertido en él algo más de una hora y cuarto desde su base. Al otro lado, un poco más abajo del collado vimos el lago, bastante seco. En el entorno rocoso de alta montaña prácticamente no vimos nieve, apenas unas manchitas en regresión, pero abundantes plantas de Árnica Montana.

El rastro que veníamos siguiendo se transforma aquí en un sendero precario, pero sendero al fin y al cabo, que se dirige hacia el noreste y se junta con el sendero de la vía normal, atravesando lo que en sus buenos tiempos sería el glaciar de este lado del pico. Subimos un poquito más, para situarnos al resguardo del viento y comimos algo de frutos secos.

Al principio del sendero no percibimos grandes dificultades, la cima asomaba engañosamente cercana y además empezamos a encontrar unas marcas azules, bastante abundantes, que nos llevaban de manera  directa y clara en la buena dirección.

Sin embargo, cerca de la arista que une la cima Este con la cima Oeste -que era «la nuestra»- las marcas azules se multiplicaban como señalando diversas vías de acceso. Aquí perdimos un poco de tiempo dudando y explorando. Pero al final nos decidimos por lo que nos pareció –y acabó siendo- el itinerario más seguro y evidente. Entre otras cosas, porque veíamos algunos montañeros transitando por él.

A las 12:20 pisamos la cima del Grand Galibier, 3.228 m. Tiene una cruz y una gran antena con el libro de firmas metido en un bote de colacao. La vista hacia el Montblanc estaba un poco tapada por las nubes, pero la vista hacia el macizo de los Ecrins era impresionante: Pelvoux, Barre des Ecrins, La Meije…

La ruta de vuelta consistió simplemente en deshacer el camino de ida. Pero nunca es lo mismo subir que bajar. Los desplomes y tramos expuestos que apenas nos habían impresionado subiendo se desvelaron amenazantes bajando: ¡una vez más añoramos los buenos cascos protectores!.

Tardamos más de tres horas y media en el regreso: pensábamos que sería menos, pero el descenso del couloir era realmente muy delicado y además, los 715 metros de desnivel se convirtieron en bastantes más por las subidas y bajadas.

Resumiendo lo mejor de esta excursión: un acceso bastante cómodo por carretera, que permite acortar tiempos y desnivel respecto a la vía normal; un itinerario muy variado y exigente sin tener que escalar, en el sentido de usar la cuerda; un entrenamiento constante de regularidad, piernas, equilibrio, técnica en el trepe y destrepe. ¡Un gran pico el Grand Galibier!

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