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Durante el mes de julio con varias amigas corredoras hemos estrenado la ruta a la playa saliendo a las 7:15 de la mañana.

Son 6,8 km de recorrido entre ida y vuelta, bajada hasta la playa de Sant Miquel, pequeño paréntesis de bañito reconfortante y subida de vuelta hasta el punto de partida.

Nos hemos encontrado el agua casi templada y transparente, sin apenas bañistas, pero la arena dejaba mucho que desear, llena de colillas, latas, plásticos… Hay que tener en cuenta que a las 7:30 los servicios municipales de limpieza todavía no han pasado por esta zona.

La verdad es que hacen un buenísimo trabajo, pero en realidad deberían trabajar menos y los ciudadanos deberíamos colaborar más en el mantenimiento de la limpieza. No tenemos excusa: hay papeleras y contenedores por todas partes.

Toda la basura esparcida a primera hora de la mañana es fruto de la dejadez de los que fueron a disfrutar de la playa y a deteriorarla durante todo el día anterior. ¿Es que nos creemos con derecho a ensuciar por el hecho de que hay un servicio municipal de limpieza?

Me pregunto si los mensajes cívicos que en los últimos años instan al civismo (en la limpieza, en el ruido), no serán o demasiado suaves y naïf  o bien demasiado enfocados a lo positivo.

Creo que a veces nos pasamos de rosca en nuestros esfuerzos por no parecer represores, obviando que si una acción está prohibida, ha de quedar clarito que está prohibida, sin más historias.

En esta viñeta del Diario ARA el autor de cómics Manel Fontdevila refleja magistralmente la tendencia a olvidar que hay que insistir en prohibir lo que está mal:

Opino que, aunque pongamos el acento en la educación y la estimulación del comportamiento responsable y positivo, las conductas social o cívicamente rechazables deben quedar claramente identificadas y cometerlas debe acarrear consecuencias. No sólo con «energías blandas» arreglaremos el problema.

Si los poderes públicos no son suficientemente explícitos, al final dejan exclusivamente en manos de los vecinos el resolver conflictos como si fueran asuntos interpersonales, opináticos, de disparidad de puntos de vista… cuando en realidad conciernen a la convivencia de todos.

El que haya normas y prohibiciones claras, establecidas por las autoridades, es una garantía para la ciudadanía. No ahorremos en explicaciones (educadísimas, delicadas, prolijas en argumentos… ) cuando sean necesarias, pero no abusemos de las metáforas en las normas cívicas. ¿No es no…? pues entonces, ¡No es no!

 

 

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