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Tengo que admitir que el primer episodio  de Juego de Tronos no me gustó. Lo vi, cuando ya iban por la sexta o séptima temporada, picada por la curiosidad, por aquello de si tanta gente está enganchada, algo debe de tener esta serie.

Me pareció sumamente violenta y pensé que no me iba a enganchar, pero le concedí otra oportunidad. Me dije: por lo menos, mira el segundo episodio antes de rechazarlo totalmente.

Y eso fue mi perdición, ahí caí de cuatro patas. En menos de tres meses me he zampado las ocho temporadas, frecuentemente a razón de dos episodios cada día. ¡Totalmente enganchada, totalmente adicta!

Por más que le doy vueltas, no tengo ninguna excusa mínimamente intelectual para justificar que me gusta. Pero me gusta. Y puesto que no tengo razones de alta volada, por lo menos voy a intentar ser sincera con estos cuatro argumentos:

  1. Me gusta porque es espectacular. Así de sencillo. Sin más. Me fascinan los grandes paisajes, escenarios, efectos especiales. No puedo evitarlo, esto por si solo ya me atrapa. Además, continuamente la serie me plantea la duda de cómo demonios han resuelto tal y cual escena. ¿Qué es real y qué es digital? ¿Qué es un decorado y no lo parece? ¿Dónde se ha rodado esta batalla, dónde he visto yo esta muralla…?
  2. Me gusta porque narra una buena historia centrada en la lucha por el poder y esto siempre es evocador. Como dice Tyrion Lannister en el último episodio, no hay nada más poderoso e invencible que una buena historia. Y para colmo, esta historia va dejando suficientes cabos sueltos como para mantener la intriga, pero no tantos como para desesperar y abandonarla.
  3. Me gusta porque la evolución de algunos personajes es interesantísima. Por ejemplo, la manera como Daenerys Targaryen pasa de víctima inocente a redentora de oprimidos y de liberadora de esclavos a tirana que se cree poseedora de la verdad absoluta y del derecho, por esta razón, aplastar a quien se cruce en su camino. Asimismo resulta sugerente la evolución de Arya, de Sansa, de Jamie, del mismo Tyrion.
  4. Me gusta por el episodio de making-off, epílogo de la serie, que consigue transmitir perfectamente la idea de que ha sido una experiencia impactante e inolvidable para todos los que han intervenido. Describe con maestría la visión del equipo técnico y de los extras. Algunos de estas personas tienen trayectorias personales que casi rozan la marginación. Una se queda con la sensación de haber disfrutado una obra maestra también por el trabajo apabullante de logística.

Como muchas personas que conozco, mi personaje preferido es Tyrion, cuya mirada y fina ironía recuerdan a veces al Doctor House en su versión más compasiva. No es un héroe ni intenta serlo, juega en otra liga y, a pesar a su afición a pegarse la buena vida, es capaz de enfocarse hacia lo que es mejor para los demás.

Y sin embargo, es demasiado violenta para mi gusto, le sobran bastantes hachazos, miembros cortados, personas quemadas, litros de sangre. Y, a pesar de la fuerza de algunos personajes femeninos, mantiene una lógica masculina a veces un poco pesada.

Nada es perfecto. Ni nadie: ¡yo ya estoy esperando la precuela!.

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