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El Ayuntamiento de Barcelona acaba de crear una escuela municipal de segunda oportunidad gestionada por dos entidades sociales: Salesians Sant Jordi y Fundación El Llindar.

Me parece una iniciativa estupenda, no sólo la de crear este tipo de escuelas, sino también el hecho de confiar para ello en dos entidades sociales.

Sé que muchas personas defensoras de lo público perciben esto como una contradicción, porque creen que las iniciativas que no poseen «titularidad pública» son sospechosas de no poder atender necesidades sociales, o no estar legitimadas para ello, o, en el peor de los casos, hacerlo obedeciendo oscuros objetivos.

Conozco desde hace años la tarea de la Fundación El Llindar y la considero de enorme valor. Para los chicos y chicas que han pasado por ella, la experiencia ha representado en realidad su primera oportunidad.

No me queda la menor duda acerca de la finalidad social del Llindar, su voluntad de servicio público y su autoridad moral en la recuperación de chicos y chicas prácticamente expulsados del sistema educativo.

Con todo mi respeto hacia las personas que desconfían de todo lo que no tenga titularidad pública, me permito plantear algunas preguntas:

1) ¿Es lo mismo iniciativa privada que iniciativa social? ¿De verdad podemos poner en el mismo cajón al Corte Inglés que a Oxfam Intermon, atendiendo al hecho de que ambas entidades venden ropa y no son propiedad del Estado?

2) ¿Sólo la titularidad pública garantiza el servicio al bien común? Las asociaciones de vecinos, los grupos ecologistas, los movimientos populares, los grupos scout o de educación en el tiempo libre… ¿no persiguen el bien común? ¿no buscan mejorar la calidad de vida de la gente? No son de titularidad pública, sino de iniciativa social.

3) ¿Qué tiene de malo que una iniciativa pública sea de gestión privada? ¿No puede el gobierno municipal, por ejemplo, poner y exigir condiciones para asegurar que la gestión del servicio sea la que se adapta a las necesidades de la población?

4) En una sociedad ideal, orientada bajo la justicia y los derechos humanos, ¿dejaría de tener  sentido el asociacionismo? ¿No es el asociacionismo un indicador de calidad democrática por lo que representa de compromiso, participación, ciudadanía activa…?

5) Por otro lado, y fijándonos sólo en la empresa privada-privada (no de iniciativa social, sino privada en el sentido más estricto del término, como el taller de automóviles, la peluquería, el puesto de verduras del mercado…) ¿Tenemos que considerar que persigue explotar a la gente por el hecho de no ser pública? ¿No se puede ser empresario e intentar trabajar con criterios éticos y respetuosos?

Hay debates que parecen eternos, nunca se resuelven y creo que éste es uno de ellos. Yo me conformaría si, aunque no consensuáramos una perspectiva común, al menos fuéramos capaces de discutirlas todas con sosiego y respeto.

Y, al tiempo que debatimos, vamos construyendo caminos de colaboración entre los tres sectores: público, privado y social.

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