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Tenía que encerrarme tres días, de martes a jueves, para pastar la masa madre de un libro. No iba a acabarlo, claro, pero la masa madre me exige esta dedicación inicial.

El esqueleto básico, el enfoque general, así como la planificación de la extensión de cada capítulo y el tiempo estimado para redactarlo, son piezas clave para mí cada vez que me pongo a escribir largo: ¡o me ordeno mucho o no sé funcionar!

Escogí el Monasterio de Sant Benet de Montserrat por varias razones: una, porque me lo aconsejó Xus Martín y me fío al cien por cien de su criterio; dos, porque está en Montserrat, montaña energética e inspiradora donde las haya y tres, porque no queda lejos de Barcelona y eso me facilitaba las cosas.

En la hospedería sólo estábamos alojadas tres personas. Bueno, eso porque era entre semana, ya que los fines de semana está todo lleno. Cero televisión, sólo wifi en una sala común y el móvil en modo avión casi todo el día. Tentaciones, fuera. Fue una experiencia vital genial y sorprendentemente relajante, a pesar de que trabajé y adelanté muchísimo la faena, más de lo que había previsto.

Para las noches me había llevado una novela policíaca que me tenía atrapada y de la que apenas me faltaban 30 páginas. Pensé que mi estancia en el monasterio sería un buen momento para acabarla. Pero no pude porque me dormía como una bendita hacia las diez de la noche y hasta pasadas casi diez horas no me despertaba: ¡algo absolutamente inusual por mi parte!

El jueves, cuando ya me iba, me llamó la atención en la puerta de entrada un cartelito sobre un ciclo de conciertos: una vez al mes, de enero a junio, la hermana Teresa Forcades organiza en el Monasterio, a las cuatro y media de la tarde, Domingos de música y silencio. Ostras, que interesante, pensé… ¿cuándo será el próximo?

El próximo era justo el domingo siguiente y quien actuaba era Muom, un coro de cámara de canto de armónicos o canto difónico. Jamás en la vida había oído hablar de eso. Me inscribí en cuanto pude.

La belleza no se limitó a la maravilla de las voces sobrecogedoras de Muom. Estos conciertos comienzan con una lectura seguida de diez minutos de silencio. Teresa escogió un texto sobre la Teoría de Cuerdas de Brian Green y lo relacionó con la vibración del canto de armónicos.

¡Confieso que la primera vez que oí hablar de la teoría de cuerdas fue a Sheldon Cooper en Big Bang Theory! Pero entendí muchísimo mejor la idea en palabras de Teresa Forcadas y luego en forma de música con la armonía de Muom.

A veces siento que efectivamente las personas caminamos dentro una red dinámica (¿cuerdas o filamentos que vibran?), invisible a nuestros ojos y, de vez en cuando, tenemos la inmensa suerte de ver emerger algunos de los nudos que nos unen.

Experimentar el triplete de días de calma + concierto de Muom + teoría de cuerdas fue el maravilloso regalo con que me obsequió el Monasterio.¡Volveré!

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