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Vuelvo fascinada y emocionada de Canarias, donde participé en las II Jornadas de Aprendizaje-Servicio organizadas por la Asociación Canaria de Aprendizaje-Servicio.

Fue hace dos años en estas islas cuando aprendí la palabra naje, que en yidish significa «orgullo ajeno» y que es justo lo contrario a «vergüenza ajena».

Naje es lo que yo he sentido estos dos días en Tenerife y en Gran Canaria, al escuchar a los educadores y, sobretodo, a los jóvenes, contando sus vivencias de compromiso con la comunidad.

Me llamó poderosamente la atención el proyecto Mimemos el Charco de San Ginés, del IES Agustín Espinosa de la cuidad de Arrecife, porque,  aunque una vez estuve en Lanzarote, cenando al lado del Charco, era de noche y no percibí toda la belleza y valor ecológico que los chicos y chicas explicaban.

Si levantar la mirada del ombligo y desplazarla hacia afuera con ojos sensibles ya merece un sobresaliente, ¿qué nota merece el prestar atención a un entorno natural que por proximidad y frecuentación turística podría pasar inadvertido?

Esto es lo que han hecho los estudiantes del IES Agustín Espinosa junto con el CEIP La Destila, con la intención de sensibilizar a la ciudadanía y proteger un ecosistema valioso, amenazado por la presión turística y por el desconocimiento y desarraigo de una parte de la población.

El proyecto lo dividieron en cuatro fases:

  1. En la primera, descubrieron el patrimonio cultural y natural de la zona.
  2. En la segunda, analizaron, valoraron y diagnosticaron cuál era la situación del ecosistema marino, la afluencia de turistas y su impacto medioambiental.
  3. En la tercera, diseñaron las acciones a llevar a cabo y los productos que debían elaborar a fin de concienciar a la población.
  4. En la cuarta, en la que todavía están inmersos, los chicos y chicas difunden el resultado de su investigación, limpian el litoral de la marina, hacen de guías del Charco de San Ginés para otros centros y para familias.

A todas las personas que estábamos escuchando a los estudiantes nos llamó poderosamente la atención el dominio que mostraban de la materia, la seguridad y habilidad con la que exponían sus conocimientos y la altísima valoración que hacían de las prácticas realizadas hasta el momento.

Apenas unos minutos antes, al final de mi charla, una docente quiso ahondar en la diferencia entre voluntariado y aprendizaje-servicio. Creo que fue escuchando a los  chicos y chicas del IES Agustín Espinosa como obtuvo la mejor respuesta.

¡Naje total!: Por los chicos y chicas, por los profesores del instituto, y también por la energía positiva que está desarrollando la Asociación Canaria de Aprendizaje-Servicio en impulsar, inspirar y sostener unas jornadas espectaculares.

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