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He oído cientos de veces aquello de que el pesimista es el optimista bien informado. Hasta cierto punto lo entiendo, porque cuanto más informada estás de lo que pasa en el mundo, más puedes llegar a deprimirte y a pensar que no hay nada que hacer.

Aún así, no creo que sean muchas las personas pesimistas y bien informadas que deseen vivir en una época anterior. Que piensen sinceramente que todo tiempo pasado fue mejor. Porque fue peor, se mire como se mire. En aspectos como las enfermedades, la situación de la mujer, incluso las guerras.

Pero es bastante fastidioso que cada vez te ilusiona una buena noticia o unos datos sorprendentemente buenos no sólo pases por ingenua “no-lo-bastante-bien-informada” sino que parezcas una sospechosa neoliberal que quiere esconder las profundas injusticias y desigualdades que azotan todavía -y mucho- el mundo actual.

Pues no señor. Lo uno no implica lo otro. Creo que lo bueno y lo malo coexisten en nuestra sociedad. Y, entre las buenas cosas, destaco la capacidad de rebelarse frente a las malas.

Me parece extraordinario el valor de Greta Thunberg a la hora de remover las conciencias ante las negrísimas perspectivas del cambio climático, que es una de las amenazas más letales que tenemos como humanidad. Y creo que es una buenísima noticia que los jóvenes se movilicen por ello.

Hoy he firmado un manifiesto de adhesión que impulsan profesores del entorno de Universidad y Compromiso Social en Sevilla, donde, entre otras cosas, afirman que:

Pertenecemos al  mundo científico y educativo y nos sentimos igualmente impotentes al comprobar que la llamada Sociedad del Conocimiento se limita a mirar hacia la academia y los centros de enseñanza en busca de saberes instrumentales y  útiles para seguir haciendo negocios como siempre, incrementando la competitividad, mientras da la espalda al conocimiento científico que acumula evidencias de que la civilización y la vida se acerca rápidamente hacia el colapso, precisamente por seguir haciendo los negocios como siempre.

Y ésta es la segunda buena noticia: que el sector académico se mueva por compromiso social.

Aquí está el formulario para adherirse.

El 15 de marzo toca movilizarse con los jóvenes para frenar el calentamiento global.

 

 

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