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El sábado Joaquim nos contó que hay quien habla con los castaños. Bueno, nos contó muchísimas cosas que desconocíamos. Estuvimos visitando su empresa familiar, Castanya de Viladrau y con él nos sumergimos en una experiencia cultural, natural y gastronómica sorprendente.

Que los castaños los trajeron los romanos. Que el cambio climático, en el macizo del Montseny, está empujando los hayedos hacia abajo -¡yo pensaba que sería al revés!-. Que los frutos de las hayas son comestibles y se desaprovechan totalmente.  Que el cultivo de la patata y el maíz provocó el abandono progresivo de la castaña como alimento primordial. Que hay que comprar la castaña fresca siempre embolsada y conservarla en la nevera como cualquier otro producto fresco. Que se trata de un alimento de altísimo valor nutricional. Que un bosque de castaños es un «soto».

Mientras caminábamos por el bosque, Joaquim nos invitaba a fijarnos en infinidad de detalles de los castaños, la producción de su madera, los campos, los animales, las especies invasoras, los usos agrícolas e industriales. ¡Una lección magistral a lo largo de un recorrido bellísimo!

Tengo un amigo, un gran intelectual, a quien no le dice nada, absolutamente nada, la naturaleza. Para él, un castaño como mucho es un árbol, algo que existe, pero nada que le pueda interesar. Me cuesta mucho entender esto.

Somos parte de la naturaleza, no entes ajenos o separados de ella, nos guste o no. La historia y evolución de los bosques es también nuestra historia como humanidad.

Joaquim nos confesó con ironía que, aunque él ama el bosque como el que más, no ha escuchado todavía la voz de los castaños y por tanto, no habla con ellos, pero la verdad es que todos tuvimos la sensación, al acabar el día, de que los casyaños sí nos habían hablado, de alguna manera, con nosotros

 

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