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Los chicos y chicas que en los años 60 leyeron Primavera Silenciosa de Rachel Carson quedaron impresionados, en las décadas siguientes, al comprobar cómo se hacían realidad los negros augurios del libro respecto a los efectos perjudiciales de los pesticidas.

Con este ejemplo, Jim Kielsmeyer expresaba hoy, en la 21 Reunión de la Red Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, una analogía con la influencia del aprendizaje-servicio en las personas, influencia que frecuentemente no se percibe de inmediato, sino al cabo de un tiempo.

Ciertamente, la huella que deja el ApS en las generaciones de chicos y chicas que han vivido estos proyectos es uno de los resultados más valiosos que se pueden obtener.

Si bien a nivel internacional existen un montón de investigaciones sobre aprendizaje-servicio, la mayoría de los estudios se ciñen a los resultados académicos y, dentro de éstos, a los que se pueden detectar justo al  acabar el proyecto.

Y sin embargo, muchos educadores y educadoras revelan también impactos a largo plazo que han tenido ocasión de detectar en el comportamiento de los chicos y chicas. Son «ecos» del proyecto de aprendizaje- servicio que los jóvenes manifiestan cuando el proyecto hace tiempo que se acabó.

Hace unos años, un grupo de educadores (Laura Campo, Anna Carmona, Jaume Fabró, Pere Farrés, Jordi Ibáñez, Josep Antón Mercè, Lourdes Ruíz, Dolors Sabater y yo misma) elaboramos una guía sobre la evaluación de los aprendizajes en los proyectos ApS y constatamos 4 huellas «post»:

Madurez: Cuando los chicos y chicas manifiestan más responsabilidad y madurez en posteriores actividades del mismo centro educativo. 

En un proyecto de aprendizaje-servicio los chicos y chicas hacen cosas de verdad. No hacen simulaciones, ni dinámicas de grupo en clase, sino que se comprometen realmente y rinden cuentas a personas que están esperando resultados: niños más pequeños, abuelos, personas enfermas, los responsables del Banco de Sangre o del Banco de los Alimentos … En cualquier caso, este baño de realidad los hace crecer y madurar.

Recuerdo emotivo: Cuando los chicos y chicas recuerdan el proyecto llevado a cabo con alta adhesión emocional bastante tiempo después de que éste haya terminado. 

Las prácticas de aprendizaje-servicio son muy intensas. A menudo requieren no solamente salir del aula, sino también de la escuela. De repente, personas que no son sus profesores ni sus padres, entran en su vida, les plantean retos que nunca antes se habían planteado. A veces la experiencia les toca profundamente y les hace llorar. Todo ello tiene un carácter extraordinario que consolida el recuerdo.

Voluntariado: Cuando los chicos y chicas acaban incorporándose como voluntarios a la entidad social donde habían llevado a cabo el servicio.

Cuando los jóvenes entran en contacto con las organizaciones sociales descubren una causa, un «sentido», un modelo alternativo de personas y una cultura de trabajo, bien diferentes a los parámetros del mercado. Para muchos chicos y chicas, este descubrimiento es fascinante y les motiva a probar el trabajo de voluntario.

Vocación: Cuando los chicos y chicas desvelan habilidades que tienen o bien se orientan profesionalmente.

El aprendizaje-servicio hace «hacer». Se concreta en actividades donde se ejercitan habilidades y destrezas: organizativas, relacionales, comunicativas, artísticas, científicas … Chicos y chicas que en una clase convencional no destacan, tienen la oportunidad de desplegar su talento, a menudo desconocido para ellos mismos, y eso les conduce frecuentemente a orientar su vocación.

A modo de conclusión: 

La evaluación de los aprendizajes adquiridos por los chicos y chicas en los proyectos de aprendizaje servicio no debería limitarse a aquello que se percibe durante y al final inmediato del proyecto.

Sería muy útil obtener también datos de los resultados visibles a largo plazo, porque esto permitiría afinar estrategias tanto educativas como sociales.

Nos hemos reunido hoy en la Red Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, un año más, unas 50 personas de 12 países: Argentina, Estados Unidos, Colombia, Chile, Brasil, Perú, México, Portugal, Paraguay, Bosnia Herzegovina, Rumanía y España.

Ahora que empezamos a tener proyectos veteranos, de más de cinco años de recorrido, de diferentes países y contextos, ha de ser posible investigar este impacto a largo plazo.

 

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