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El viernes pasé la tarde con 35 detectives sociales: los chicos y chicas de 5º de primaria del Colegio Concepción Arenal de Ourense.

Cuando me anunciaron cuál era el tema de su proyecto de aprendizaje-servicio, sinceramente creí que era demasiado complejo para chavales de diez y once años: se trataba de la violencia filio-parental.

Pero a lo largo del rato que estuve con ellos me di cuenta que me había equivocado: habían estudiado y comprendido perfectamente el problema; habían reflexionado sobre sus causas; se habían comprometido a sensibilizar a otros niños y niñas más pequeños a través de cuentos elaborados por ellos mismos y eran además capaces de darse cuenta de todo lo que habían aprendido con todo ello.

Detectives Sociales es el el hilo conductor y la “marca” de un conjunto de proyectos educativos de prevención primaria para chicos y chicas que impulsa desde hace tiempo la Asociación APES, un colectivo que cumple diez años cuyo propósito es generar oportunidades para que las personas quieran ser su mejor versión desde el compromiso social.

En ellos se utiliza el servicio a la comunidad como elemento reforzador de la prevención. Los chicos y chicas se convierten en detectives sociales investigando un problema social para luego emprender acciones de sensibilización a la población: otros niños y niñas, familias, personas mayores, comunidad en general.

Además de la violencia filioparental, los detectives sociales de 5 colegios y centros cívicos de Ourense han intervenido en problemas de acoso escolar, delito forestal y vandalismo urbano. Más abajo he colocado el esquema mental que yo me hice al conocer el proyecto.

Para redondear la tarde, me entregaron un diploma, firmado por todos los miembros del grupo, en que cita como mérito: “por haberse convertido con éxito en detective social”. ¡Se refieren a la divulgación del aprendizaje-servicio!

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