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Hay 10 cosas que no quiero olvidar. Pase lo que pase. Porque si me olvido de alguna de ellas, voy a perder una parte importante de aquello en lo que creo. Porque aunque piense que tengo razón, eso no justifica arrogancia, desprecio o humillación hacia los demás.

Porque quiero mantenerme en el club de los que entienden la democracia como gobierno de la pluralidad y no de la uniformidad. Y también porque necesito más puentes que zanjas.

Este decálogo lo descubrí por una carambola: El autor es Josep Maria Fisa, lo encontré a través del blog de Mercè Solé y éste a través del facebook de Anna Ramis. ¡Bienvenidas las redes sociales cuando en lugar de alimentarnos la inmediatez nos proporcionan espacios de reflexión con mágicas carambolas como ésta!

1. Las personas, todas, son dignas de respeto y consideración, sean como sean, piensen como piensen, actúen como actúen. Su dignidad nunca puede ser menospreciada.

2. La protesta y la denuncia, personal y colectiva, es más fuerte, eficaz y terapéutica, si se hace pacíficamente y respetando los derechos de los demás.

3. La respuesta a las agresiones debe ser defensiva y firme, mental y físicamente, evitando expresiones agresivas que alimentan emociones instintivas incontrolables.

4. Quién nos agrede por nuestras ideas, quizás cree sinceramente, -para nosotros es una grave equivocació-, que es la mejor manera de hacer las cosas para construir. Especialmente si son vigentes leyes -para nosotros injustas- que amparan determinadas actuaciones policiales o políticas. Nuestra resistencia pacífica es totalmente legítima.

5. No tenemos enemigos. Tenemos por delante personas, compañeros e instituciones, que no comparten, o bien nuestras ideas, o bien nuestras maneras de proceder. Escuchar y comprender. Y dialogar. Decir sí o no, desde la empatía.

6. Hablemos de tu a tu, de nosotros con nosotros … “Ellos” no son ellos, en un sentido peyorativo. “Nosotros” no somos nosotros en sentido contrario. Yo pienso, yo siento, yo escucho, yo deseo… Yo necesito …

7. Poner etiquetas, ridiculizar para ofender, menospreciar las opiniones que no son como las que nosotros defendemos, no ayuda ni ayudará al futuro que esperamos de convivencia y respeto.

8. No nos podemos dejar arrastrar hacia el insulto, la descalificación, el lenguaje hiriente, la condena de las personas.

9. Cuando estamos inmersos en el conflicto, podemos perder la serenidad, caer en la simplificación, o no valorar suficientemente los riesgos que asumimos con determinadas actuaciones. Tenemos que estar formados en la escuela de la no violencia, la no violencia y la comunicación no violenta.

10. La brújula sólo tiene un norte. Y el norte siempre será el anhelo de felicidad para todos, local y global, desde la libertad, desde la justicia, desde la verdad, desde la conciencia, con actitudes pacíficas y con compromisos de pacto y diálogo sin desfallecer . Que nos podamos sentir todos y todas como en casa.

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