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Orgullo de madre de la hija nómada. La que vivió y trabajó en Italia, en Colombia, en Australia, en Canadá. La que hoy está en el País Vasco y mañana ni se sabe. La que su mundo es todo el mundo, y desde hace tiempo. De ésa misma.

La que hoy casi me hace llorar en el metro, de camino a ver a su abuelo. He abierto el facebook y me he encontrado este texto suyo, que acababa de colgar. Dice así:

Ni A ni B, ni blanco ni negro, los que me conocéis sabéis que siempre fui de grises.

Voy a escribir esto en castellano porque creo que es el idioma con el que la mayoría me vais a entender, aunque podría hacerlo en catalán, italiano o inglés, pero creo que el principio fundamental es querer entenderse. Dialogar. Pensar. Conocer. Contrastar. Opinar sin insultar ni burlar.

Hoy estoy muy triste, llevo días nerviosa por lo que iba a pasar, y aunque no esté físicamente en Catalunya, estoy en alma. Me parece vergonzosa la actuación y la contundencia física que ha querido emplear el gobierno español contra el pueblo catalán. Me parece vergonzoso haber llegado a este punto. De verdad, ¿no había otra vía? ¿Y el dialogo? ¿Estamos en 2017?

Soy catalana de nacimiento y viajera de afición, mi lengua materna es el catalán, mi desayuno favorito una “torrada amb fuet” y me encanta ver los castellers. Pero la curiosidad ha querido que me fuera a explorar más allá, a vivir y trabajar en otras comunidades autónomas, otros países, a hacer amig@s, compañer@s de trabajo, de aficiones, a conocer otras culturas, tradiciones, idiomas, maneras de pensar.

Mi voto hoy es por un mundo sin fronteras en el que se respeten las culturas, prime la paz y la voluntad de entendimiento, sin opresiones, sin violencia, sin manipulación de la información, sin inducir al odio entre pueblos, razas o religiones, sin corrupción.

Somos los ciudadanos los que tenemos ese poder para cambiar las cosas. Aunque sea poco a poco, no hay que conformarse. Y estoy convencida que no soy la única que quiero esto.

Salud y paz para todos.

Gracias, Clara. Tu mensaje es un poco de bálsamo en un día convulso, el 1 de octubre del 2017, del que muchos nos vamos a acordar toda la vida.

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