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Empezó hoy la Semana Internacional de Aprendizaje-Servicio en Buenos Aires, esa inmersión formativa que representa algo así como mi máster anual en la materia.

Esta mañana he podido visitar el Centro Educativo Isauro Arancibia, una escuela para jóvenes y adultos en situación de calle.

Se trata de un centro muy especial, de entrada por las personas que acoge, muchas de las cuales llegan cada mañana después de haber pasado la noche en la acera.

También es especial por la flexibilidad permanente con que los maestros van desplegando la escuela según las necesidades del alumnado.

Así, tienen una sección de jardín de infantes para los hijos de los alumnos adultos; abren más horas de las reglamentarias; ofrecen 23 talleres y 4 proyectos de economía social (panadería, confección de bolsas textiles, elaboración y venta de una revista, bicicletería), así como un hogar de tránsito.

Todo ello con el objetivo de que las personas atendidas sean capaces de trazar su proyecto de vida. Para que esto sea posible, procuran que el centro no sea un reflejo de la calle, la escuela tiene que ofrecer algo distinto.

Al entrar en el recinto, me ha sorprendido una frase de Isauro Arancibia, el personaje histórico que da nombre al centro: No hay maestro cierto y verdadero si no lucha por la liberación del pueblo.

Isauro Arancibia fue uno de los más de 600 docentes asesinados durante la dictadura militar. Murió en 1976 -¡qué cerca parece!- acribillado a balazos, después de una larga trayectoria de lucha a favor de la educación pública y los derechos de los trabajadores.

Los maestros del centro encarnan hoy ese espíritu de compromiso con los más vulnerables. Son ciertos y verdaderos.

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