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Una de las muchas cosas interesantes que consigo viajando por las españas es aprender palabras nuevas, como ésta de margullir, que nos regaló el profe Pedro César González Cabrera hace tres días en Valsaín, Segovia.

Según el diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, margullir significa acodar, o sea, meter bajo tierra un sarmiento largo sin separarlo del tronco, dejando fuera el extremo, para que la parte enterrada eche raíces y forme una nueva planta. 

De hecho, el III Simposio de Docentes de ESenRED, donde nos reunimos unas 90 personas fue un ejercicio generoso de margullir los proyectos educativos, compartiéndolos para que echaran raíces en otros lugares.

ESenRED (Escuelas hacia la Sostenibilidad en Red) es una red de redes, formada por centros educativos sostenibles no universitarios, cuyas redes miembro están promovidas por iniciativa de administraciones públicas (Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Diputaciones…).

Me tocó hacer en el simposio una introducción al aprendizaje-servicio para enmarcar 4 experiencias luminosas, en las que el alumnado se compromete en la mejora del medio ambiente:

Más de uno nos emocionamos con la sencillez, profundidad y compromiso de los proyectos presentados. Y, al mismo tiempo, sentimos que estábamos margulleando, dejándonos hundir un acodo: el germen de replicar las experiencias en otro lugar, multiplicando y diversificando.

Es lo que tienen las redes de educadores cuando se tejen en tierra firme: las buenas prácticas echan raíces fácilmente.

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