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Hace muuuuchos, muuuuchos años, cuando mi hija era pequeña, al final del curso escolar llamé por teléfono a su maestra para darle las gracias. Por la profesionalidad, por el cariño, por la paciencia y dedicación, por los resultados… en fin, por todo.

Se hizo silencio al otro lado de la línea. Pensé que se había cortado la comunicación. Pero no. Cuando reaccionó me dijo, con un hilo de voz: es la primera vez, en todo el tiempo que soy maestra, que me dan las gracias por mi trabajo.

¡Cuántas veces he recordado esta anécdota! Algunas, lo reconozco, con cierta rabia. Como hace apenas unos días, cuando por enésima vez he oído la cantinela kenrobinsoniana (con perdón por el bueno de Sir Ken) de que las escuelas matan la creatividad. Esta vez la afirmación temeraria era que las universidades son cárceles y los pobres estudiantes son creativos frustrados a la búsqueda de su talento. Aaaargh!

Me arriesgo a afirmar que hay miles de escuelas que estimulan la creatividad y, además, la creatividad despojada de narcisismo miraombliguista. Como el Centro Público Xove, de Gijón, que ha tejido una alianza increíble con el Centro de Mayores El Arbeyal, poniendo a los niños y niñas a imaginar y construir para hacer más amable la vida de los demás.

Los maestros y maestras del CP Xove se merecen, además de las gracias, un monumento. Mira sino la batería de estos 6 proyectos de aprendizaje-servicio que están sacando adelante con y para los abuelos y abuelas del centro de mayores:

Me parece no sólo despectivo, sino claramente injusto, no dar por lo menos las gracias a final de curso a tantos maestros y maestras que, como los docentes del CP Xove, hacen auténticos milagros cada día.

 

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