Por encima de la niebla

LogomardenieblaCuando nos aficionamos a acampar en el Pirineo Central, en particular en la vertiente norte, cada mañana nos sorprendía una niebla espesa que rodeaba la tienda y nos enfriaba el ánimo.

Uy, pensábamos, ¡mal día para ir de excursión! Pero estábamos equivocados. La niebla se ceñía en el valle. A la que ascendías quinientos metros, emergías de ella y te encontrabas con un sol espléndido, un auténtico regalo.

Al poco tiempo aprendimos la lección y ya no nos frenaba la niebla matutina. Sabíamos que caminando montaña arriba acabaríamos viendo el mar de niebla bajo nuestros pies.

Esto es lo que hace la asociación Mar de Niebla de Gijón: empuja hacia arriba a las personas que necesitan recuperar la confianza y sentir el calor del sol.

Héctor-Eva-RocíoEstuve con Héctor, Eva y Raquel, compartiendo sus proyectos. Se dedican a facilitar el camino a los que están desorientados, tal vez incluso temblando por la niebla de una mala escolarización, un tropezón en la vida o un desarraigo.

Si no subes unos cuantos metros, no te crees que realmente va a llegar el momento en que vas a ver la niebla bajo tus pies. Pero para decidirte a salir de la tienda y empezar a caminar, muchas veces hace falta tener alguien cerca, que te anime y te convenza.

Por eso, entre las palabras inspiradoras escritas en las paredes de la asociación, les hice una foto junto a CERCANÍA.

 

 

Joves sobre la boira

 

La compasión de las personas-cemento

El rostre ocult de la crisiAyer asistí a la conferencia El rostro oculto de la crisis: una factura evitable, organizada por el Cercle d’Economía. Fue una conferencia impartida a dos voces, la de Enric Canet y la de Salvador Busquets.

Lo singular era que no se trataba de un diálogo exactamente, sino de un mismo discurso hilado brillantemente por ambos ponentes, que aportaron reflexiones interesantísimas para ver, juzgar y decidirse a actuar.

Empezaron planteando una pregunta que muchos nos hacemos: ¿por qué a pesar de la dureza de la crisis la sociedad todavía no se ha roto en pedazos? La respuesta está en lo que definieron como personas-cemento: personas de alta sensibilidad social que actuan encordando a las personas que sufren evitando que caigan: mucha gente que ayuda, en todos los sectores, en todas partes.

En este sentido, me llamó la atención la referencia a la compasión como elemento imprescindible para reaccionar. Esta palabra cayó en desgracia hace tiempo, arropada injustamente por un manto casposo de ñoñería y caridad a partes iguales.

Pero la compasión, tal como la definieron Enric y Salvador, consiste en ver el dolor del otro y poner el corazón en él. La compasión comienza por la pasión, por el interés profundo en las personas que han empezado a creer que no interesan ya a nadie.

A lo largo de la conferencia, los ponentes desgranaron las medidas políticas y sociales necesarias para reducir las desigualdades, así como el nuevo perfil de las entidades sociales que pueden dar respuesta: ligeras y constantes; flexibles y participativas; austeras y permanentes y capaces de creer en la capacidad de las personas para curar las heridas.

Me quedo con dos imágenes que evocaron para comprender que los procesos de exclusión pueden ser reversibles: La imagen de la telaraña (todos tenemos hilos que nos pueden aguantar) y la imagen del geranio roto (cuyo esqueje puede volver a echar raíces si se planta en buena tierra)

 

 

La sanadora frente a la lepra

Montse Perez JALHasta que conocí a Montse Pérez  pensaba que la lepra, la enfermedad de Hansen, era una enfermedad del pasado, que estaba erradicada y que sólo nos la rememoraban algunas películas de los años sesenta.

Pues resulta que no. Montse es dermatóloga especializada en enfermedades derivadas de la pobreza y lleva décadas luchando contra ella en el sur de la India.

La buena noticia, que nos llegó el último domingo de enero, día mundial de la lucha contra esta enfermedad, es que parece que no han aumentado los casos en esta región.

La mala noticia es que lo que cuesta más de frenar es el estigma y el rechazo social, no sólo hacia los afectados, sino hacia su familia y, muy dolorosamente, hacia sus hijos.

Por esta razón, la batalla de Montse y su organización JAL no se libra sólo con armas médicas,  sino, sobretodo, con inclusión, educación y reconstrucción de la dignidad de las personas, tal como explica en esta entrevista.

Creo que es un buen ejemplo de la diferencia entre curar y sanar. Las enfermedades se curan, pero las personas se sanan.

Este enfoque holístico y humanista de la salud que expande Montse, la sanadora, es el que hace falta frente a todas las enfermedades, pero, sobre todo, frente aquellas que generan prejuicio y exclusión.

 

 

Senda y bisagra

Clara i Jordi bosc encantat¡Debes leer este libro!, me dijo hace un tiempo María Nieves. Se refería a El principio olvidado: la fraternidad, de Antonio M. Bagglio.

Lo leí, claro. Y fue entonces cuando caí en la cuenta: nos habíamos olvidado de ella.

Esta mañana el suplemento de cultura de La Vanguardia me lo ha vuelto a recordar: De aquella triada revolucionaria clásica, “liberté, egalité, fraternité”, es este último concepto, la fraternidad, el que parece haberse quedado más relegado. Una reivindicación pendiente, transformadora, más necesaria si cabe en estos tiempos de crisis.

En la introducción, Antoni Marí nos invita a recordar que, de los principios que surgieron de la Revolución Francesa, la fraternidad nunca ha sido reivindicada. Parece no tener capacidad movilizadora, a diferencia de sus compañeras libertad e igualdad.

La libertad y la igualdad inspiran una ética de la justicia, mientras que la fraternidad inspira una ética del cuidado. Dicho de otra manera, mientras las dos primeras nos mueves a ser justos, la tercera nos mueve a ser, también, responsables y generosos.

Por ello, sin el principio bisagra de la fraternidad, las puertas de la libertad y la igualdad pueden conducirnos solamente hacia el antagonismo y la confrontación.

Necesitamos urgentemente explorar el camino de la fraternidad para no perdernos en el bosque de la reivindicación de lo que es justo.

Una senda -como dice Marí- donde para ser amigos no necesitemos una identidad común, una única sustancia fundacional, una única nacionalidad o una totalización ideal del consenso.

Me parece pertinente recordarlo hoy, 11 de septiembre del 2013.

 

 

 

 

 

 

La constelación de Jaly Home

La casa de la felicitatHasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas. Montse Pérez presentó, con esta bella frase de Charles Chaplin, La casa de la felicidad, un documental sobre un pequeño orfanato llamado Jaly Home.

Jaly Home es una de las iniciativas de JAL, la ONG que se enfrenta a la lepra y a las enfermedades derivadas de la pobreza en Pondicherry, en el sur de la India.

JAL también impulsa una escuela y un hospital, y se centra en mejorar las condiciones de vida no sólo de las familias afectadas por la lepra, sino también por las que padecen discapacidades o marginación social.

Ayer el auditorio de la Pedrera estaba lleno de personas que creemos en JAL porque creemos en Montse, Berta, Adela, Jordi y el resto del equipo. Estrellas cargadas de energía que provocan que nazcan más estrellas.

Pero tuvimos la ocasión de descubrir muchas más estrellas en esta constelación. Una de ellas, Bruno Savio, el protagonista del documental. Bruno es un profesional de la publicidad, y cuando acaba su jornada laboral se dedica a sus vecinos de Pondicherry.

A través del reportaje de lo que es un día normal en la vida de Bruno, supimos de la lucha por la dignidad de una adolescente que sueña con ser enfermera y de un niño pequeño que trabaja en los basureros.

Para ambos, Jaly Home es el paraíso que les ofrece la oportunidad de romper con la fatalidad. Y Bruno es la persona que les anima incansablemente a dar este paso.

Otro grupo de estrellas lo forman sin duda el director, Joan Soler, y todo su equipo, creando un documental de 30 minutos que merece competir y ganar en cualquier premio cinematográfico.

Fascinados y agradecidos, así quedamos los privilegiados que asistimos al estreno de La casa de la felicidad.

 

Campos del silencio

El viernes estuve en el concierto del Cor Vivaldi a beneficio de JAL, la ONG que actúa en la India con familias afectadas por la lepra.

Fue, probablemente, el concierto más sorprendente que he disfrutado, organizado en torno a la música que interpretaban los prisioneros de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, muchas veces de manera clandestina y arriesgando sus vidas.

Por ello el concierto se llama  Les veus dels camps del silenci, las voces de los campos del silencio.

Dos grandes pantallas iban desgranando imágenes de desolación, mientras en el escenario los niños y niñas ofrecían canciones de cuna, de Bach, el bolero de Ravel e incluso canciones picarescas… el repertorio con el cual los prisioneros afrontaban su destino.

Voces extraordinarias y extraordinaria dirección a cargo de Oscar Boada, creador del coro.

En su página web, el coro se plantea: ¿Puede la música vencer el miedo, el hambre, la desesperación, el terror? Dicho de otra forma: ¿Podemos pensar en música cuando nos falta lo más esencial?

¡Una buena pregunta!  Cuatro voces la responden: la del Cor Vivaldi, la de los prisioneros, la de la asociación de voluntarios de la Caixa que organizó el concierto y la de los niños y niñas del barrio de Dubrapayet, en Pondicherry.

En este barrio mi amiga Montse Pérez, dermatóloga especializada en enfermedades derivadas de la pobreza, emprendedora,  deportista  e impulsora de JAL, abrió hace años un lugar para la esperanza, desplazando el silencio.

¿Compasión?

Francamente, ya no sé cómo actuar frente a la cantidad de personas que piden dinero por la calle, a veces medio disfrazada la cosa de venta ambulante.

Mientras duró el espejismo de la bonanza económica, en general yo no daba dinero. Mi razonamiento estaba en la línea del rechazo al asistencialismo, al paternalismo, a la caridad…

Usaba las reflexiones estándar en estos casos: no tienes que dar porque genera dependencia, porque no sabes dónde va a parar, porque hay mafias que controlan a estas personas, porque hay servicios sociales y asistenciales en los que confiar, porque ya estás apoyando las ONG que atienden estos casos, bla, bla…

Bien, de acuerdo, hace cinco años eso tenía una lógica. Pero se está quebrando por todos lados. Cada vez hay más personas no sólo pidiendo sino también durmiendo y viviendo en la calle. Los servicios sociales y las ONG están al límite. Se ha multiplicado exponencialmente la demanda de comida al banco de alimentos y a los comedores populares.

Manteniendo la conducta que seguía en tiempos de bonanza, me siento mezquina e injusta. No sé exactamente qué debo hacer, qué es lo correcto. Ni siquiera sé si tiene sentido hablar de corrección.

Hace unos días leí el post Suerte en el blog del profesor Juan Torres López, al que estoy suscrita. Y, de repente, su reflexión me empezó a dialogar con otras dos que abordan prácticamente el mismo tema:

El poema Refugio Nocturno, de Bertold Brecht, un texto que había utilizado dinamizando talleres de poesía hace bastantes años, y que expresa las contradicciones de las acciones compasivas que pueden parecer inútiles.

El cuento del niño y las estrellas de mar, cuya autoría desconozco, que se posiciona directamente a favor de los pequeños gestos, y que también me deja sin argumentos. Hay también un bonito vídeo sobre esta fábula.

¿Tiene sentido la compasión? Como dice Adela Cortina, es difícil entender la justicia sin sentir compasión… 

 

¿Altruismo contra natura?

El ser humano es fundamentalmente un ser de cuidado más que un ser de razón o de voluntad (…). Las humanas y los humanos ponen y han de poner cuidado en todo: cuidado por la vida, por el cuerpo, por el espíritu, por la naturaleza, por la salud, por la persona amada, por el que sufre y por la casa. Sin el cuidado la vida perece.

Puse esta cita de Leonardo Boff en un capítulo del libro Aprendizaje servicio (ApS) Educación y compromiso cívico, coordinado por Josep M.Puig.

La recordé hace poco, cuando me llegó este vídeo Experimento Comparte tan elocuente de la ONG Acción Contra el Hambre, que muestra que ayudar y compartir es un mecanismo básico de la especie humana, más que depredar o competir.

Recuerdo haber estudiado que en el siglo XIX esto no era evidente. Con el impacto de la obra de Darwin y de la teoría de la selección natural se abrió una polémica sobre el alcance real del altruismo, un comportamiento que parecía -sólo parecía- “contra natura” en el discurso darwiniano del origen de las especies.

Precisamente Puig me sugirió leer un libro de Lee Alan Dugatkin muy clarificador sobre el alcance de esta polémica: Qué es el altruismo. La búsqueda científica del origen de la generosidad. Lo disfruté muchísimo.

Poco después, en una entrevista por la radio me preguntaron esto mismo: Pero, a ver, ¿la generosidad la llevamos en los genes o no? No me atreví a decir que sí. No soy especialista en genética, ni siquiera bióloga. Uf, vaya lío.

De manera que, citando a Dugatkin, respondí que, en cualquier caso, está claro que la generosidad es conveniente y deseable. Si la llevamos en los genes, mejor. Y si no la llevamos… ¡nos la tendremos que inocular!.

Si hoy me volvieran a hacer la pregunta, respondería: ¿Habéis visto el vídeo de Experimento Comparte? ¡Pues vamos a verlo y después hablamos!

La siete y la ciento uno bis

¡Qué bien que viene leer este libro de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa!

Hay alternativas seguramente no es un libro redondo, pero es claro, valiente y propone cosas concretas que se pueden hacer. Yo lo llevo casi siempre encima y lo voy releyendo en el metro o cuando me toca esperar turno en cualquier lado.

Estamos saturados de pesimismos desmovilizadores. A lo mejor existe el pesimismo estimulante, pero la verdad es que yo no he tenido el gusto todavía.

Por eso agradezco las ideas que empujan a la acción. Debo confesar que algunas no las tengo claras y otras (pocas) no las comparto al cien por cien, pero a estas alturas una ya está curada de adhesiones absolutas y no me importa discrepar.

De las 115 propuestas concretas mis preferidas son dos.

Una es la número 7, que se refiere a los impuestos sobre transacciones financieras. Estoy absolutamente convencida de que una medida como la de la Tasa Robin Hood es necesaria y deberíamos sacarla del limbo de una vez por todas.

La otra en realidad no existe, pero sería la sustituta de la 101. Está en el bloque de alternativas en educación. Como que la 101 está repetida -un pequeño lapsus que tiene este libro- escribí a los autores proponiendo este otro redactado, a ver qué te parece:

Fomento de las prácticas solidarias dentro del sistema educativo, a fin de impregnar el currículum de los valores de justicia social y espíritu crítico y estimular la responsabilidad personal en la construcción y la defensa del bien común.

No puse directamente “aprendizaje-servicio” porque el término no es todavía suficientemente conocido, pero la frase ya lo expresa.

 

Triple talento


Como un sorprendente regalo al final de la jornada, ayer por la noche se sumaron tres astros y multiplicaron la luz que emitían.

Fue durante el concierto de piano que ofreció Jorge Nava Vásquez a beneficio de la ONG JAL en el Teatrillo. Cada uno de los actores que se implicaron en este evento es un tesoro: Jorge, JAL, el Teatrillo.

Jorge Nava tiene sólo 21 años y empezó a tocar el piano a los 5 años. Su maestría y su pasión son de tal fuerza que cuando interpreta tienes la sensación de estar frente a toda una orquesta.

JAL es una asociación presidida por Montse Pérez  que trabaja en la India desde 1965. Empezó con los intocables, las personas enfermas de lepra, la enfermedad de Hansen.

Y ahora continúa con los invisibles, las personas con discapacidad, especialmente niños y niñas, que viven además en la pobreza y la marginación.

El teatrillo es una iniciativa del amigo Pierre Baurier: una casita en el barrio de Sarrià donde se organizan conciertos a beneficio de causas diversas, uniendo dos mundos: el arte y la acción social.

Vivencias como las de anoche alimentan el espíritu y renuevan nuestro optimismo… o por lo menos nuestra confianza en que los pequeños milagros son posibles cuando se tejen complicidades.

Por algo será que JAL, en indi, significa RED.