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Ayer estuve en el debate Medellín-Barcelona: dos modelos urbanísticos en diálogo, organizado por la Fundación Kreanta, dentro del programa de la Cátedra Medellín-Barcelona.

La sala del auditorio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona estaba llena, con una alta participación de colombianos afincados en esta ciudad. Fue un placer escuchar a Jorge Melguizo, Alejandro Echevarri, Jordi Borja y Josep Parcerisa, entre otras cosas porque no ahorraron sentido del humor en aras de la corrección política.

Como telón de fondo del debate se iban proyectando imágenes de Medellín que me devolvieron por unos minutos a la semana de marzo que pasé en esta ciudad.

La verdad es que me quedé con las ganas de intervenir en el turno de preguntas. Pero no había tiempo para todo y preferí escuchar las intervenciones del público, que mayoritariamente fueron de personas latinoamericanas.

Sigo pensando que para sus ciudadanos, Medellín es algo más que una ciudad, es una causa. Y eso se nota desde el nivel de lo macro: los discursos oficiales, los equipamientos culturales y sociales, hasta lo micro: los parterres de flores en los rincones más humildes,  el respeto de los usuarios hacia su metro… Tal vez esto fue lo que más me impresionó de la ciudad, y así lo comenté en esta entrevista para la Revista de Comfenalco.

Como dijo Jorge en el debate, no tiene sentido construir ciudad sin ciudadanía. Una frase en sintonía con la que nos recordó Josep de Ildefons Cerdà : primero es la urbanidad y luego el urbanismo.

Si ayer hubiera tomado la palabra, hubiera propuesto que Barcelona se inspire un poco más en la fibra ética de Medellín y se desprenda de un poco de diseño fashion, sólo un poco, no nos vayamos a pasar.  Si en Medellín fue posible

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