Cualquier excusa es buena para intentar memorizar nombres. Es casi una disciplina que me propongo… cada vez que me acuerdo de ello. La verdad es que me asusta perder la memoria, es una de las cosas que más temo del proceso natural de envejecimiento.

Si se trata de una persona, me duele mucho olvidar cómo se llama.   Recuerdo su rostro, sé que la conozco, pero no me sale su nombre. A veces, de repente y sin proponérmelo, me viene a la cabeza y respiro aliviada. Otras veces no tengo más remedio que disimular o bien acabar sincerándome y disculpándome por el olvido.

Es bastante menos comprometido cuando no se trata de personas, sino de lugares, animales o plantas. Por ejemplo, confundo frecuentemente algunos valles de las excursiones de hace bastante tiempo. Me lío entre Luz-Saint Saveur, Argeles Gazost y Saint Lary. ¡Y mira que he estado en ellos un montón de veces!

Pero, aunque cuando no se trata de personas resulta menos comprometido, igualmente me da bastante rabia. Así que procuro entrenarme y de vez en cuando memorizar al menos lo que me resulta más llamativo o interesante.  Este verano en la Cerdanya, harta de confundir plantas que me llaman la atención, intenté memorizar el nombre de cuatro muy frecuentes en el bosque de ribera del Segre. Y conseguí, ¡hurra!

Mi aliada principal es la aplicación Plantnet, que recomiendo muchísimo. Ahí van:

La tanarida (en castellano se llama tanaceto), cuya florecita amarilla suelo confundir con el abrótano, cuando en realidad no se parecen tanto, puesto que ésta no presenta los ramilletes de áquel.

La saponaria, con cuyas hojas y raíces se puede hacer jabón, como recuerdo haber leído en la saga del Clan del Oso Cavernario… ¡Mira si es útil! Me entran ganas de probarlo.

La vistosa salicaria, que aporta calidad al paisaje de ribera con esas flores que parecen llamaradas de color malva y que, además, tiene múltiples propiedades fitosanitarias.

La consuelda, que en la ribera del Segre presenta unas hojas enormes y carnosas. Su nombre deriva del latín consolidare, por sus propiedades en el tratamiento de las fracturas.

En fin, que la Tana, la Sapo, la Sali y la Consu ya son compañeras de viaje cuyo nombre he memorizado para no hacer un triste papel en la próxima excursión en que coincidamos.

En la foto, las cuatro compañeras en el orden en que las he nombrado. Queridas: ¡voy a intentar no olvidaros!

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