¡Expulsa ese alien de tu vida!

1979 Alien el octavo pasajeroPuede ser que una tenga la suerte de no cruzarse nunca con una persona tóxica de ésas que alcanzan el grado de piscópata sin mucho esfuerzo.

Pero puede ser que no. Y, cuando eso ocurre, cuando un Alien de éstas características consigue entrar en la nave que es tu vida, no sirven de mucho la generosidad, la diplomacia, la capacidad de convencer, ni los buenos sentimientos.

Desgraciadamente, nada de eso funciona. Pero lo peor es que tampoco funciona luchar contra él, sencillamente porque es más fuerte que tú. La ausencia de empatía es lo que tiene: confiere una dureza extraordinaria. No luches contra el Alien, porque te vas a agotar.

Y tampoco puedes eliminarlo. O bien te lo impide tu ética o tu religión, o bien no sabes cómo hacerlo… o bien sospechas que la policía lo acabaría descubriendo. No, no puedes eliminarlo, por desesperada que estés.

Sólo te queda la argucia de Sigourney Weaver en la legendaria película del 79. ¿Te acuerdas cómo se deshizo del Alien? Cuando comprendió que nada lo hería y que no podría eliminarle, ¡consiguió huir de él, expulsándole al vacío, poniendo años luz en medio! Y se quedó con el gato, miau.

Hay que huir de los Aliens como de la peste. Puede parecer poco épico y poco heroico, pero la verdad sólo eso funciona. Plantéatelo como una estrategia de supervivencia.

Aunque, sinceramente, yo me permitiría, durante un minuto -¡sólo uno!- saborear esta fantasía:

Voy por un oscuro callejón, paso decidido, mirada al frente. Me encuentro con dos tipos altos como armarios con clarísima pinta de mafiosos. Les entrego una foto del Alien. Que parezca un accidente, ordeno con voz fría. Sí, jefa, responden… y se van a cumplir su cometido.

Ya sé que es un mal pensamiento. Pero Dios ya sabrá cómo perdonarme.

Entrenamiento cruzado para la vida

Entrenamiento cruzado
¡Me encanta el concepto de entrenamiento cruzado! Lo he aprendido a través de las revistas de running y de deporte en general.

Básicamente consiste en lo siguiente: Imagina que eres un deportista tipo Kilian Jornet.  Tu deporte es la carrera de montaña.

Pero resulta que practicando otros deportes refuerzas algunos aspectos que inciden favorablemente en tu especialidad.

Por ejemplo el esquí, o el ciclismo, o la escalada. Uno te refuerza los cuadríceps, otro te mejora el equilibrio, otro te ayuda a controlar los nervios… y todo ello lo necesitas.

Entre una cosa y otra, tu entrenamiento puede ser más eficaz, más variado y más divertido que si te centraras sólo en correr por la montaña.

Este octubre pasado, durante las entrevistas de tutoría con mis alumnos, les insistía en la necesidad de practicar otras actividades que, si bien son diferentes a la comunicación en público -aquello para lo cual se estaban preparando-  de alguna manera la apoyan y fortalecen.

Por ejemplo cantar, hacer teatro, contar cuentos a los niños… incluso contar chistes en una reunión de amigos.

Esto me lleva a pensar cuántas veces tenemos delante un reto profesional, personal, familiar… que parece que sólo se puede alcanzar esforzándonos en línea recta. Tal vez no es lo mejor.

¿Qué entrenamiento cruzado podemos buscar para encontrar empleo? ¿Para aprobar una asignatura que la tenemos atravesada? ¿Para abandonar de una vez por todas una pareja que nos está amargando la vida?

Con un lirio en la mano

Angel amb un lliri a la maMe da bastante rabia la acusación de buenismo por parte de quienes no serían precisamente la compañía que yo escogería para ir a una isla desierta.

Pero reconozco que algo de verdad hay en sus acusaciones, por lo menos a veces. Tragedias como la reciente masacre de Charlie Hebdo remueven este terreno y ponen una vez más de manifiesto hasta qué punto podemos vivir engañados y confiados en la bondad universal.

¡Cómo nos cuesta reconocer que la democracia y el respeto a los derechos humanos no se contagian con facilidad!. ¡Ojalá!. El caso es que no se puede dialogar con alguien que sostiene una pistola cargada y te está apuntando.

Me gustaría que fuera posible este milagro, pero no lo es. Si me vieras hablando con una persona convencida de que tiene que eliminarme para ganarse su cielo, ten por seguro que yo no lo estaría haciendo para dialogar precisamente, sino, si acaso, para distraerla y escaparme.

No se puede ser tolerante con la intolerancia. Dejemos de invocar con ingenuidad al diálogo y a la tolerancia frente al furioso fundamentalista para el cual nuestra vida es absolutamente prescindible.

Y aunque me refiero a cualquier clase de aberración fundamentalista, todavía hay una diferencia entre el que está dispuesto a matarte y el que no. No gastaré ni una gota de saliva en tener que puntualizar esto.

Resumiendo: no voy a ir con un lirio en la mano porque no quiero renunciar a los Derechos Humanos.

 

Escribir clarito

Cómo escribir con claridadHace un tiempo me encargaron reseñar un pequeño ensayo pedagógico del que no entendí casi nada. Mejor dicho, entendí las doscientas primeras palabras, pero el resto, muy abundante, me pareció la repetición enrevesada y confusa de las primeras páginas.

Desesperada porque había aceptado el encargo y era tarde para rectificar, busqué una y otra vez dónde estaban las ideas que justificaban la sucesión de capítulos. Llegué a la conclusión de que probablemente el problema era que yo no las entendía, tan vez porque, uf, me hacía mayor, y bla, bla.

Eso podía explicar mis dificultades, pero también podía ser que el autor del libro no supiera escribir de manera inteligible, o que tal vez creyera que hacerlo enrevesadamente otorgaba más empaque intelectual.

En cualquier caso, el libro que descubrí hace dos días a través de San Google Bendito le hubiera ayudado mucho, empezando por el título: Cómo escribir con claridad. Sorprendentemente, está dirigido a funcionarios de la Comisión Europea, para que a la hora de redactar documentos dirigidos al pueblo llano vayan al grano y no mareen la perdiz.

Pues bien, a pesar que es un texto para técnicos que redactan normativas, comunicados de prensa, actas, etcétera, lo encuentro utilísimo. Contiene ejemplos estupendos, iconos muy expresivos, da gusto leerlo y lo quiero compartir contigo.

¡Que conste que no da consejos para novelas, poesía o teatro!  En estos otros géneros la abundacia de metáforas, descripciones detalladas e incluso frases alambicadas alimentan esa fantasía tan saludable y que tanto necesitamos.

Este libro sirve muy bien para lo que sirve. Y esto, sinceramente, es mucho.

La pequeña felicidad

Pequeña felicidad

Tres días en la montaña, frío y sol anticiclónicos, una lección de acuarela en pleno campo con el amigo Tom, un muñeco de nieve, caminar y caminar, un almuerzo en el refugio tras la excursión, el crec-crec de las botas rompiendo el hielo, el verde, verde, verde, un juego de naipes que no conocía del amigo Rafa y pillar la idea sibarita de un grupo de franceses que brindaron con vino y vasos de cristal en la cima del Roc de la Calma.

Tal vez es pequeña, pero se llama felicidad, sin ninguna duda. Gratuita o, al menos, muy barata. Es la que yo he saboreado estos días. Disfrutando del lujo de no estar en guerra, de no pasar hambre, de no sufrir enfermedades ni soportar desastres humanitarios.

Nuestra pequeña felicidad, sin mala conciencia. La que encontramos más fácilmente cuando estamos en la naturaleza, sueltos y libres, conversando, jugando y aprendiendo de nuestros amigos.

Estoy convencida de que no sólo los niños padecen el transtorno por déficit de naturaleza que denuncia Richard Louv. Yo también lo padezco, porque me siento mal y añorada cuando llevo demasiado tiempo sin pisar el campo.

Mi deseo egoísta para el 2015 es asalvajarme un poco más. ¿Quien se apunta?

Inteligencia para cambiar el mundo

Ona que esborra el 2014
Al tiempo que se desvanece el 2014 me reafirmo en la convicción de que para sobrevivir como especie necesitamos ser mucho más inteligentes.

Hace años que estamos descubriendo las inteligencias múltiples. Ya casi nadie puede sostener que la única inteligencia válida es la académica, porque hay otras igual o más relevantes: inteligencia interpersonal, inteligencia corporal, inteligencia emocional, inteligencia comercial…

Si la definición más clara de inteligencia es “la capacidad de resolver problemas”, entonces tenemos un problema gordo. El mundo del 2015 va a ser sin duda más complicado que el que hoy abandonamos y vamos a necesitar mucha más inteligencia para salir del desastre ambiental, social, económico, bélico…

Y, en ningún caso, vamos a tener bastante con la inteligencia del listillo del sálvese quien pueda. ¡No hay salvavidas individuales en un mundo globalizado!.

Necesitamos desarrollar la capacidad de resolver problemas colectivos, la inteligencia de las personas que son competentes de verdad, la inteligencia comprometida.

A pesar de todo, ¡feliz año 2015!

El árbol planificador

Pintant arbre planificador¡Seguro que no es de la misma especia que el sauce boxeador de Hogwarts!

Mi árbol planificador para el 2015 es la alternativa a un cierto empacho gráfico. Durante muchos años, para organizarme el trabajo, me convertí en una virtuosa de cuadros de doble entrada, tablas y filigranas del excel.

Agrupaba las tareas por bloques, desplegaba cada bloque en apartados, tachaba lo que iba resolviendo. Todo ello siguiendo mi lógica. La verdad es que me ha estado funcionando bastante bien.

Hasta que me he cansado de tanto gráfico cartesiano. Voy a hacer cosas más bonitas y agradables a la vista. En septiembre planté el primer arbolito planificador, para septiembre-diciembre 2014. Me funcionó y hace unos días planté el segundo para el 2015.

La lógica es la misma de siempre, sólo que más happyflower: Los bloques de trabajo son grandes ramas, de las cuales brotan las ramas más finas de apartaditos, subbloques o tareas o como quieras llamarlo.

Al principio el árbol está desnudo de hojas. Pero se va llenando de verde a medida que voy cumpliendo el trabajo. Cada vez que resuelvo una tarea, pinto de verde, imitando hojitas, la ramita correspondiente. ¡Frecuentemente brotan ramitas que no esperaba!.

Lo tengo expuesto en un gran mural de papel, de manera que siempre tengo a la vista las ramas que van floreciendo y las que tardan en hacerlo…¡a ver si espabilo!

Tengo que decidir exactamente de qué árbol se trata… no me gusta llamarle “árbol”, es muy impersonal. Por motivos obvios, ¡no quiero que sea un sauce llorón, ni un “palo borracho”, como llaman a la ceiba en Latinoamérica! ¿Qué tal un chopo, un roble, un fresno…?