Sobran dos millones

School Bus SpringfieldNo hace mucho, en una reunión informal con pocas personas, un ex-mandatario afirmó rotundamente que en mi país sobraban dos millones de personas.

La frase quedó retumbando unos segundos: dos millones, llones, ones, nes… Silencio tenso, expectante.

Acto seguido, lo justificó diciendo que el país no tenía capacidad para soportar tanta gente. Algunos (bueno, bastantes) tenían que largarse.

Nadie pregunto a quiénes en concreto se refería, aunque el contexto de la conversación apuntaba a a los inmigrantes.

Otra persona del grupo tomó la palabra educadamente para rebatirle la argumentación y, por respeto a la avanzada edad del orador, la discusión no generó más situaciones incómodas.

Sin embargo, lo de los dos millones de gente sobrando a mí si que me generó una imagen que me acompañó unos cuantos días.

Me imaginaba una flota de autocares amarillos, como el del cole de Bart Simpson, pero blindados como el de aquella película de Clint Eastwood de la cual no recuerdo el nombre.

Autocares 100% seguros, indestructibles, deportando sin parar personas indeseables y limpiando el país de algunas maldades. Y, sí, la verdad es que yo les ponía nombre y apellidos a más de uno:

Los estafadores, los defraudadores, los que evaden impuestos, los que roban o se enriquecen a costa de los demás.

Los violentos y machistas que desprecian a las mujeres, las acosan, las humillan y les roban la salud física y mental.

Los xenófobos y los fanáticos fundamentalistas…

Uf, la lista es larga. Tal vez dos millones sería insuficiente. School Bus SpringfieldMira por dónde el ex-mandatario tenía razón.

¿Qué aprendiste en el campamento?

Tenda i mapaSin duda ésta es una de las preguntas más interesantes que podemos hacer a nuestros hijos cuando vuelven de campamentos.

Hubo un tiempo en que las asociaciones juveniles y de educación en el tiempo libre que organizaban estas actividades rechazaban cualquier actuación que se les antojara demasiado cercana a la escuela.

Eso significaba que en los campamentos no se solían llevar a cabo actividades cuyo objetivo fuera adquirir o fortalecer conocimientos (eso sonaba a “demasiado escolar”).

El foco se ponía en la educación en valores y actitudes: autonomía, compañerismo, respeto, responsabilidad… Valores que, en cualquier caso, no se evaluaban. Todo era bastante implícito, casi por ósmosis.

La parte fuerte, entonces, era la ética; la parte débil, la cognitiva y la parte “intermedia” la de las habilidades y destrezas funcionales, que en realidad podían llegar a tener bastante impacto en los campamentos más robinsonianos: plantar la tienda, orientarse con el mapa y la brújula, hacer la comida…

Desde hace unos cuantos años todo esto ha cambiado. Para empezar, a las entidades sociales que tradicionalmente impulsaban campamentos les salió la competencia de las agencias de colonias en inglés; de los clubs deportivos y sus campus olímplicos; de iniciativas privadas o públicas que ofrecen campamentos sesgados por una especialidad, y esa especialidad es la que concreta los aprendizajes.

La verdad es que en estas ofertas a las familias les queda bastante más claro qué es lo que van a aprender sus hijos. Y ninguna de estas iniciativas tiene porqué hacerlo mal o despreciar la educación en valores. Al concretar una especialidad, vertebra y visualizan mejor los aprendizajes.

Creo sinceramente que las entidades sociales deberían poner en valor lo que ya antes era poderoso -la educación en valores y actitudes- pero, al mismo tiempo, deberían integrar sin prejuicios trasnochados actividades que de manera explícita potenciaran los conocimientos. Deberían concretar y exponer más y mejor la educación integral que pueden ofrecer.

Y eso deberían hacerlo no por superar la competencia con las otras iniciativas, sino por hacer justicia a los mismos campamentos, por no desaprovecharlos.  Porque:

¿Qué mejor lugar para aprender los nombres de las estrellas?

¿Qué mejor lugar para aprender geografía, historia, patrimonio cultural, tradiciones…?

¿Qué mejor lugar para integrarse como ciudadanos en el paisaje, que es uno de los signos de identidad más potentes?

 

 

 

¿Pero cuántos hay que…?

AbacoQueridos amigos interesados por conocer la dimensión del aprendizaje-servicio en España cuanto a número de niños y niñas que lo practican:

Antes de daros una respuesta, os voy a hacer 3 preguntas:

¿Cuántas escuelas en España hacen educación ambiental?

¿Cuántos profesores en España usan Youtube en sus clases?

¿Cuántos niños en España han aprendido a leer y escribir con el método global?

¡Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta exacta! Y esto ocurre por dos motivos:

a) porque se refieren a métodos de enseñanza que no son propiedad de nadie (no se venden ni se distribuyen con registro). Es decir, se trata de “métodos” y no de “productos o programas concretos”.

b) porque ningún profe ni escuela tiene la obligación de declarar si practica o no estos métodos.

Dicho y entendido esto voy a reproducir el diálogo consecuente:

PREGUNTA: ¿Cómo podríamos saber la dimensión aproximada en España de la aplicación del aprendizaje-servicio en las aulas?

RESPUESTA: No siendo una metodología obligatoria, el único sistema que a día de hoy se me ocurre es sumar el número de niños y niñas que están contabilizados en programas concretos que se aplican con aprendizaje-servicio. Porque ahí sí que los impulsores de estos programas cuentan uno por uno los niños y niñas implicados.

PREGUNTA: Vale. Entendido. ¿Alguna cifra que podamos avanzar?

RESPUESTA: Más de 300.000.

PREGUNTA: ¿De dónde sacas esta cifra?

RESPUESTA: Tomo el programa Km de solidaridad de Save the Children que se aplica como ApS (297.400 niños cada año) y le añado la palabra “más” porque el programa de ApS del Banco de Sangre de Barcelona ya tiene unos 6.850 cada año. Y de momento, aquí me paro.

Total, queridos amigos de la contabilidad, que cuando os pregunten, respondéis “más de 300.000″ y santas pascuas.

Normoisorexia

MPP-10Normoisorexia: Dícese de la obsesión por cumplir escrupulosamente los protocolos de las normas ISO.

Por extensión, dícese también de la tendencia a sobrevalorar los procedimientos para elaborar un producto por encima del valor en sí mismo que éste tenga.(Diccionario imaginario de una servidora).

Ejemplo:

El producto que se puede observar en la fotografía de la derecha fue elaborado por un caballo CPC (caballo pirinenco catalán) que había sido alimentado con hierba y piensos homologados según normativa HP 2.020.

El agua ingerida provenía de diversas fuentes del Moixeró (comarca de la Cerdanya) cuya potabilidad estaba asegurada por los informes de la inspección pertinente.

Durante el proceso, el caballo recorrió 5 kilómetros a 1500 m de altura sobre el nivel del mar, a una velocidad media de 16 km/h. Justo antes de la mise en scène, reposó durante 10 minutos.

El producto final pesó 2 kilos 300 g y cumplió todas las expectativas de excelencia, por lo cual se le adjudicó el nivel de calidad MPP-10.

Tratamiento de la normoisorexia: La terapia que se ha revelado más efectiva para las personas normoisoréxicas consiste en pisar repetidas veces productos MPP-10 o similares, hasta conseguir entender que, si el producto cuya calidad se persigue es en sí mismo una auténtica porquería, inutilidad o pérdida de tiempo, no hay procedimiento “excelente” que lo salve.

Donde duerme la hexafolia

HexafoliaEstuvimos el fin de semana en la Sierra de Guara, donde duerme la hexafolia.

Pocos años hemos faltado a la cita, y últimamente incluso la visitamos más. En ningún otro lugar hemos entendido tan claramente que es imposible bañarse dos veces en el mismo río.

El primer día nos adentramos en el cañón del Barrasil, un tramo del río Alcanadre siempre grato y sorprendente. Encontramos muchísima más agua que el año pasado por las mismas fechas, con lo cual el descenso fue bien diferente.

El segundo día visitamos el barranco de Fontaneta, afluente del Isuala. Hacía mucho tiempo que no lo habíamos descendido y lo descubrimos de nuevo, variado y divertido: cortos rápeles un poco volados, destrepes, pasos en oposición…

Ciudadela MascúnDeshojando la hexafolia encontramos las seis razones por las que no podemos dejar de visitar este parque natural:

  • porque necesitamos de vez en cuando alimentarnos de la grandiosidad de su paisaje.
  • porque el aire, la luz y el contraste de colores, forman una experiencia estética única.
  • porque echamos en falta el reto físico del descenso de barrancos y de la escalada.
  • porque nos gusta sorprender a las cabras asilvestradas y a los buitres.
  • porque ya tenemos amigos allí, y nos gusta verles de nuevo.
  • porque llevamos allí a nuestros amigos de aquí y nos gusta compartir con ellos nuestra pasión.

 

 

 

La lista de mis deseos

La lista de mis deseosAcabé de leer La lista de mis deseos,  de Grégoire Delacourt. Una vez más, me equivoqué con el sexo del autor. Mucha vista no tengo, la verdad.

Como que los nombres franceses se prestan a veces a la confusión, durante toda la lectura estuve convencida de que Grégoire era una mujer. Incluso me parecía que “no podía ser un hombre quien escribiera de esta manera”. ¡Vaya tontería!

La historia me ha encantado y me la leí en apenas tres horitas. ¿Quién no ha pensado alguna vez qué haría si le tocara la lotería?

La narración funciona como un sistema de ascensores independientes que suben y bajan de manera curiosamente coordinada: el blog que escribe la protagonista, su peso, el amor por su marido…

A pesar de lo agridulce, tiene un final feliz. Y eso también se agradece. Hay algo en esta novela que me recuerda el suave optimismo de Ojalá fuera cierto, la novela de Marc Lévy que también fue un bestseller en su momento.

Parece que ya tiene una adaptación cinematográfica en marcha y no me la voy a perder.

Conectando lo emocional con lo trascendente

Vitrina TintínEs importante que la naturaleza sepa que le estamos pidiendo permiso“. Con estas palabras, hace tres años me explicaron el sentido de la breve ceremonia de respeto hacia la Pachamama, la madre tierra.

Fue en Popayán, Colombia, con los chicos y chicas de la Escuela Latinoamericana para la Actoría Social Juvenil. Pusieron un puñado de tierra en el centro de un círculo y reflexionaron sobre el sentido de “pedir permiso”.

Ese pequeño ritual conectaba lo emocional con lo trascendente, sin apenas detenerse en lo racional. Tuve la sensación de que, de rebote, no sólo fortalecía vínculos identitarios sino que también estimulaba la abstracción y la síntesis.

Algo parecido a lo que experimenté ayer en la VI Jornada Pedagógica organizada por la Fundación Escuela Vicenciana, donde 140 docentes compartieron una especie de acto de final de curso para el profesorado.

Una jornada cargada de formación e intercambio de experiencias, pero también de símbolos y rituales. ¡Qué importante es la expresión simbólica de los sentimientos y las convicciones!

Tuvieron la amabilidad de regalarme dos objetos simbólicos que repartirían al final del día: un pequeño cofre del tesoro y una botella con un mensaje dentro: la carta de agradecimiento de un alumno a su maestra.

Inmediatamente supe dónde iba a colocarlos: en la vitrina donde guardo mi homenaje a Tintín. Ambos símbolos encajan perfectamente con las aventuras del personaje, uno de los paisajes en colores que guardo en la memoria de mi infancia.