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Obligatoriedad ¿sí o no?

 

Creo que hay que diferenciar dos cosas: la obligatoriedad dentro del sistema educativo y la obligatoriedad en una asignatura concreta.

La obligatoriedad dentro del sistema educativo

Hay países que exigen una práctica de ApS como requisito para graduarse en la Universidad o bien como parte inexcusable de la educación secundaria. Estoy totalmente a favor de esta posición, si bien no soy partidaria de establecer la obligatoriedad sin un proceso previo de apropiación de estas prácticas por parte de los docentes, de tanteo experimental, de reconocimiento y prestigio social.

Una imposición “vertical” puede generar, si es precipitada, incomprensión y rechazo, pero sobretodo mucha confusión, porque en los estadios incipientes es frecuente confundir el voluntariado con el aprendizaje-servicio y un voluntariado obligatorio resultaría un oxímoron difícil de defender.

Mi opinión es que en el conjunto de España el aprendizaje-servicio todavía necesita un cierto recorrido e implantación de abajo a arriba, por lo que no sería aconsejable dar este paso ahora mismo. Ahora bien, en el caso de Cataluña, la situación es diferente, puesto que en este territorio el ApS ha calado desde hace ya bastantes años.

La obligatoriedad en una asignatura concreta

¿Hasta qué punto es educativamente correcto obligar a chicos y chicas a desarrollar una tarea de servicio a los demás? ¿No debería ser ésta estrictamente voluntaria? Esta es una pregunta frecuente por parte del profesorado.

Claro está que la duda siempre se refiere a la parte del servicio, no a la parte del aprendizaje. Estamos tan acostumbrados a la idea de contenidos académicos obligatorios que no nos representa ningún problema asumir que, efectivamente, son obligatorios.

Pero con el servicio empezamos a dudar. Parece  que, si lo exigimos, traicionamos el noble ideal de la acción altruista, libre y voluntaria. ¿Acaso se puede obligar a las personas a ser generosas? Parece una contradicción.

Frente a estos argumentos, otras voces objetan que realizar un servicio a la comunidad es una manera de aprender, una metodología y, como tal, no tiene sentido rechazarla, como no lo tendría rechazar el aprender a leer por el método global, a salir de excursión, a hacer prácticas en el laboratorio, etcétera. Son métodos y prácticas que la escuela ha escogido por su eficacia para trabajar los contenidos académicos.

Y también hay quien entiende que el servicio a la comunidad debería ser obligatorio porque en nuestra sociedad, cargada de retos y problemas por resolver, lo que no tiene sentido es que no lo sea. ¿Cómo van a aprender nuestros chicos y chicas a ser buenos ciudadanos si no salen del aula y hacen algo por mejorar el entorno? Por supuesto, yo me cuento entre los que formulan esta pregunta.

La verdad es que el miedo a obligar está más presente en la fantasía de los educadores que en la práctica educativa con los chicos y chicas. Pero como a veces hay que contemplar todas las posibilidades, incluso que el rechazo venga de la familia, podría ser una solución el ofrecer una alternativa. Aquí tienes dos testimonios ilustrativos de dos profesoras que aportan algunas claves:

No nos ha pasado nunca que un alumno rechazara hacer el servicio a la comunidad. La verdad, no sé qué haríamos si esto ocurriera. Tal vez tendríamos que ofrecerle una actividad alternativa. Pero como nuestra práctica de aprendizaje servicio está ya tan arraigada en el centro, y el servicio a la comunidad está tan publicitado y prestigiado entre los mismos alumnos, es poco probable que esto ocurra.

Como quiero que los alumnos realicen el servicio voluntariamente, bien convencidos y contentos, siempre doy a escoger entre hacer el servicio, de más de 40 horas, o bien hacer un trabajo escrito, que sólo les llevará tres tardes resolverlo.  De 90 alumnos que tenemos cada curso, la vez que tuvimos más adolescentes reticentes, que escogieron hacer el trabajo escrito, sólo fueron tres.

Para saber más:

Puedes consultar el capítulo dedicado al servicio en el libro Aprendizaje Servicio (ApS) Educación y compromiso cívico.