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Lo siento mucho: ¡nunca he sido futbolera! De pequeña el deporte rey en mi escuela -sólo de niñas- era el baloncesto. En el tiempo libre jugábamos a pichi o a matar, que era mi juego favorito y que quería decir tocar bastante violentamente con la pelota al adversario. ¡Un punto de sádica sí tengo!

Para colmo, la única vez que jugué a fútbol en mi infancia me rompí la tibia de la manera más tonta. De manera que el fútbol nunca me ha interesado. Nunca he estado en el Camp Nou y sólo una vez en la vida he visto un partido entero por la televisión. Cuando dan deportes, simplemente cambio de canal. Si que conozco los nombres de algunos jugadores, pero eso es sólo por la presión ambiental inevitable en una sociedad donde el fútbol es casi una religión. .

Bueno, pues estoy empezando a cambiar la mirada. Algo debe de tener este deporte cuando genera un proyecto de aprendizaje-servicio tan estupendo y ambicioso como Futbolbotella.

Los chicos y chicas del colegio de La Corolla (Gijón) recogieron el sueño de chicos y chicas haitianos de hacer una competición internacional de “fútbol-botella”, y han arrastrado en su empeño a cuatro colegios más: el Jaciento Benavente, el Begoña, el Cervantes y el Elisburu.

Se inspiraron para ello  en Tabloa, un corto de animación de Pequeños Dibujos Animados (PDA) realizado por los niños y niñas del campo para desplazados de Corail-Cesselesse en Haití. Y también en 9 días en Haití, el documental de J. Bayona para OxfamIntermon  sobre la situación de Haití cinco años después del terremoto.

Tras haber estudiado la situación de precariedad del país y en concreto de los niños y niñas del campo de desplazados de Corail-Cesselesse se decidieron a lanzar el proyecto del Primer Torneo de futbolbotella del mundo, cuyo objetivo es recaudar fondos para la escuela

Y algo debe de tener este deporte cuando, en otra punta del mundo, dispara la motivación de un grupo de niños tailandeses que consiguen superar todos los obstáculos posibles y convertirse en campeones durante seis años contra toda lógica y todo pronóstico.

¡Bendito el fútbol que consigue pequeños milagros como estos!

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