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Creo que fue hace 14 años cuando visité Colombia por primera vez. Tenía un pequeño encargo profesional y me llevé a mi hija, que entonces estudiaba enfermería.

Quedamos ambas fascinadas por el país, por la gente tan emprendedora y animosa y por la variedad del clima y los paisajes. Una tarde, contemplando montañas tapizadas de verde desde el campus de una universidad, preguntamos inocentemente: ¿Hay rutas de excursionismo, por aquí? ¿Podríamos practicar senderismo? ¡Nooooo!  ¡no se puede, es peligroso, es zona ocupada por la guerrilla…! fue la respuesta unánime. ¡Qué lástima! ¡Cuánta riqueza desaprovechada! pensamos.

Y cuanto más he conocido Colombia: Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Cali, Popayán… más convencida estoy del potencial económico, turístico, cultural, social, del país. Por eso, yo también estuve al lado de los perdedores en el referéndum pasado. Y por eso me emocionó ¿Son los colombianos estúpidos al votar no? la reflexión de Amalio Rey post-referendum.

Necesitaba compartirlo y tener alguna respuesta de mis amigos colombianos. Les envié el post de Amalio y recibí sus impresiones. Ahora necesito también compartir por lo menos alguna de ellas. Ahí va, con el permiso de su autor. No cito su nombre ni el de algunas personas o lugares concretos mencionados en su carta:

Querida Charo

Aún no termina mi catarsis por esto tan doloroso que nos está pasando, ante la posibilidad de salir de un conflicto social, político y armado que hemos llevado a cuestas por varias décadas.

Pensábamos nosotros los disoñadores, que el día 2 de Octubre sería en punto de quiebre en esta historia reciente que nos ha desangrado, que ha matado la esperanza de millones de personas de todas las clases sociales que habitamos este bello país llamado Colombia. Pero no fue lo que soñábamos, el NO ganó y ya muchos académicos, periodistas, políticos y gente del común como yo tenemos nuestras percepciones sobre este suceso.

Ese día 2 nos llamamos (antes de que las votaciones se cerraran) con mi amiga M.V. a consolarnos sobre lo que veíamos era irreversible, íbamos a perder, y sentíamos como un pedazo de vida se nos escapaba.  Mis niñas están inconsolables y no sé que decirles, me decía en medio de su llanto. Fueron momentos de muchos silencios, de muchas preguntas los que siguieron después del escrutinio final, preguntas que aún no sabemos como responderlas pero que nos darán la luz para avanzar en este largo camino de la paz con justicia social.

Mi esperanza siempre está puesta en la gente humilde y en los cómplices de vida de América Latina, por eso me comuniqué con la ELASJ a compartirles mi dolor y esa incertidumbre que ha ido creciendo a cada momento, pero que te moviliza también a preguntarte sobre el cómo seguir caminando. Fueron muchos los mensajes de esperanza mezclada con rabia e impotencia, que nos han ido levantando el ánimo con el transcurrir de los días.

Esa noche fue de desvelo, pasaron por mi mente los momentos difíciles que vivimos con mi familia en un municipio categorizado como zona roja por la influencia guerrillera, buscando refugio para nuestros hijos en rincones donde creíamos que al menos las balas del enfrentamiento entre guerrillas y ejercito no llegarían, recordé también a mis amigos y amigas que murieron en esta guerra, y no son pocos.

Mi hija mayor también vino a mi memoria, por su madre: la primera desaparecida en el Cauca. Trabajaba en un programa del gobierno sobre tierras indígenas y se cree que fueron terratenientes en complicidad con agentes del estado quienes se la llevaron para nunca mas volver, y dejar huérfana a mi hija desde la adolescencia.

Querida Charo, yo y los cerca de 8 millones de victimas que ha dejado este conflicto en estos más de cincuenta años, no queremos que la historia se repita, queremos superar este drama y reconciliarnos, de hecho lo que mostró la votación del 2 de octubre era que en la zonas de Colombia, la periferia, donde más victimas dejó el conflicto armado, la votación fue rotunda por el SI. Antioquia y el eje cafetero (zona de colonización antioqueña) fue el baluarte del Uribismo.

Muchas de las razones que expone tu amigo Amalio Rey coinciden con opiniones de pensadores y columnistas colombianos, pero hay algo que se nos metió en nuestra cultura y en la cotidianidad, es la indolencia ante la muerte, ya no nos asombramos por lo que le pase al otro. Recuerdo hace algunos años haciendo un trabajo de formación de comunidades afro en el Pcífico Colombiano, una de las regiones donde existe la exclusión de los excluidos, dos policías llevaban en un madero el cadáver de un hombre desnudo amarrado de la espalda al madero, balanceándose en una imagen dantesca que me dejó sin palabras durante muchos minutos. Pero lo que más me impresionó fue ver a varios niños que iban detrás jugando, arrojándole piedrecitas al cadáver. A eso nos acostumbró esta guerra y los que la promueven: a la exclusión, al despojo de tierras a los campesinos y a las mafias políticas que detentan el poder desde siempre.

Hay un campesino que trabaja en mi finca y le pregunté si había salido a votar, me respondió que no, pero que hubiera votado por el NO, ya que el auxilio de Familias en Acción se los quitarían para dárselos a las FARC. Como éstas, muchas mentiras circularon por las redes y medios de comunicación, hicieron eco y las comunidades las hicieron verdades.

Te anexo querida Charo algunos enlaces que creo puedan ayudarnos a entender esto que nos está pasando. Nosotros seguimos en esta confución e incertidumbre. aun así saldremos en dos horas a marchar por la PAZ DE COLOMBIA.

Abrazos

http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-davila-ahi-le-dejo-esos-fierros/497742
http://www.elespectador.com/opinion/explicar-el-fracaso-el-analisis-de-hector-abad-sobre-el-articulo-658417

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