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¿Puede durar un programa educativo más de 20 años? En la era del culto a lo efímero, parece imposible, pero La Aventura de la Vida lleva ya 25 años dando guerra con cromos, cuentos, cómics, vídeos, una página web, apps… todo ello para promover la salud en Educación Primaria, con mensajes claros, directos, inocentes y tiernos.

Desde el inicio el programa partió de un concepto holístico de salud, incorporando la convivencia, las habilidades para la vida y los valores humanos. Fue precisamente este enfoque global el que lo hizo tan versátil

En la memoria de estos 25 años Roberto Flores, el creador del programa, cita diez señas de identidad, pero a mi entender hay que añadir una muy importante: ha sido y es una iniciativa pedagógica internacional, alcanzando a 2 millones y medio de escolares de 18 países de América Latina.

¿Hay muchas iniciativas como ésta, capaz de encajar al mismo tiempo en tantos sistemas educativos diferentes? ¿En Zaragoza y en Medellín, en República Dominicana y en Tarragona, en Portugalete y en Quito?

Y también hay otra cosa que quiero resaltar, porque últimamente estoy un poco cansada del culto a lo nuevo (disfrazado de “innovador”, que queda más guay) a lo rápido  (disfrazado de “productivo”) y a lo efímero (disfrazado de “flexible”). Ese mismo culto que desdeña y desconfía de lo estable y permanente, como si fueran sinónimos de rancio o conservador.

La Aventura de la Vida sobresale como programa sólido y de larga duración por la sencilla razón de que funciona. Funciona exigiendo tiempo y calma: para jugar a los cromos, para escuchar y escucharse, para observar, reflexionar, debatir, contrastar…Y, puesto que funciona, no es un producto de usar y tirar de los que te olvidas pronto.

Al igual que la ilustración con los personajes protagonistas, podemos olvidarnos en cinco años de Bob Esponja, pero no podemos olvidarnos fácilmente de una velada con los amigos bajo la tienda de campaña.

 

 

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