Seleccionar página

Leo con el corazón encogido el resumen del informe de Oxfam Intermon Una economía al servicio del 1% y una vez más me pregunto quiénes son los que tienen poder para provocar este escándalo y cómo puede ser que nadie les pare los pies.

¿No tiene solución? O, por lo menos, como interpela Paul Krugman, si la desigualdad es inevitable… ¿es necesario que sea tan extrema?

Asumo que no soy economista -aunque por lo visto tampoco eso tampoco es ninguna garantía- y que no debo tener ni idea de nada, pero creo que nos hemos creído a pies juntillas que los ricos tienen que ser lo más ricos posible, porque así nos aseguran a los demás la creación de empleo y con un poco de suerte alguna migaja de su ágape.

A veces me da la impresión que intentamos justificar con rebuscados argumentos socioeconómicos lo que es pura y dura avaricia. Pero es que hablar de avaricia, egoísmo, insensibilidad… parece demagógico, propio de personas desinformadas, de bajo nivel académico, incapaces de manejar datos de alto nivel. Y nos da verguenza y reparo.

Aunque en el fondo sabemos que la minoría privilegiada que esconde 7,6 billones de dólares en guaridas fiscales no lo hace para proporcionar progreso y riqueza -ni que sean migajas- al resto de la humanidad. Lo hace por maldad o bien lo hace como resultado de una adicción absurda, porque en su vida van a poder gastar ese dinero que han acumulado.

Como dice Krugman, esa minoría microscópica ni siquiera está compuesta por personas emprendedoras, arriesgadas e innovadoras, sino en gran parte por altos directivos que han ido escalando puestos, concentrando poder y que nunca tienen bastante.

¿Nadie ni nada puede frenar esto? ¿Para qué sirven entonces los poderes escogidos en las sociedades democráticas? ¿Están dirigiendonos al desastre personas y corporaciones a las que no sólo no hemos votado, sino que ni siquiera sabemos exactamente quienes son?

Sólo me faltaba saber que Suecia retira su apoyo a la independencia del Sáhara para que Ikea pueda abrir una tienda en Marruecos. ¿Queda claro quién manda, quién conduce ese autobús?

Share This