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De lejos podrían parecer hasta bonitos. Pero cuando te acercas, te sorprende la magnitud del desastre. No, no son copos de nieve adornando artísticamente las puntas de los pinos: ¡son nidos de procesionaria!

Hace apenas unas semanas estuvimos en Cerler, el pueblo más alto del Pirineo aragonés, en la falda del Aneto. Si el año pasado ya nos alarmó el estado del bosque, este año comprobamos hasta qué punto superaba al anterior. Se podría jugar a Dónde está Wally, pero con pinos libres de nidos de orugas: ¡sencillamente no los encuentras!

No me acaban de convencer los argumentos de que se trata de un proceso natural, que hay que dejar que el bosque se regenere solo, que de hecho la oruga no mata el pino sino que bla, bla… ¡creo que es un desastre que se podía haber evitado! ¿Qué gana un bosque arrasado por la procesionaria?

Resulta que ya en noviembre del 2004, o sea hace casi doce años, se elevó una pregunta parlamentaria en las Cortes de Aragón sobre la procesionaria en los bosques de Cerler. La respuesta me parece de una dejadez increíble.

En este vídeoJosé Antonio Hódar, profesor de Ecología de la Universidad de Granada, explica perfectamente el proceso de formación de los bolsones de procesionaria.

Si las fumigaciones no son efectivas y además pueden ser dañinas, pues ¡busquemos otra manera! En el vídeo se recomiendan los depredadores naturales, los parásitos que infectan las larvas y en los pinares de repoblación, volver al bosque natural.

No debemos dormirnos. Hay que denunciar els estado de los bosques y espabilar a las autoridades para que no se escuden en los procesos naturales como excusa para no hacer nada.

Y por supuesto, no bajar tampoco la guardia en crear conciencia de que la naturaleza es un tesoro colectivo. Como esta acción de la Fundación Naturaleza y Hombre: construir cajas nido para que aniden los carboneros y herrerillos, principales depredadores de la procesionaria.

 

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