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Me ha molestado el rechazo generalizado y sin matices a la idea de Manuela Carmena de que los estudiantes universitarios ayuden a barrer la ciudad.

Estoy de acuerdo en que seguramente esa no es la tarea cívica number one que deberían desempeñar. Pero por lo menos reconozcamos algunas cosas:

  • En primer lugar, tareas cívicas y de contribución a la buena convivencia y la mejora de la calidad de vida sí que se han de hacer en todas las etapas de la vida.. ¿No queremos una ciudadanía activa y participativa? Pues participar no es sólo discutir hasta altas horas de la madrugada. También es bajar las basuras al contenedor que toca, por poner un ejemplo.
  • En segundo lugar, tener el barrio o la ciudad limpia no es sólo una cuestión de higiene o de estética. Es una cuestión de dignidad y de autoestima. Me toca las narices que Esperanza Aguirre acuse a Manuela Carmena de obsesiva con la limpieza.

Dicho esto, ninguna defensa de los puestos de trabajo de los barrenderos puede justificar que las personas ensuciemos alegremente con la coartada de que para limpiar ya están los servicios públicos. Por esta tonta regla de tres, hagamos el favor de ponernos enfermos, que si no estaremos quitando el trabajo a los médicos.

El amigo Fernando de la Riva compartió este verano esta foto de la playa de Cadiz tras la celebración de las barbacoas del trofeo Carranza. No sé si es muy diferente a la foto de la playa de la Barceloneta tras la fiesta de San Juan: dejadez, desplifarro, falta de respeto, incivismo…

Creo que hay que aumentar el rechazo social hacia el incivismo y el síndrome de Atila. Si bajamos la guardia nos hundimos en el individualismo feroz y el desprecio enorme al bien común.

Al final, la idea es bastante simple: no hay que ensuciar y, si por lo que sea se ensucia algo, hay que limpiar. Tolerancia cero a la suciedad. Punto.

 

 

 

 

 

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