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Leo con mucho interés en la prensa Un rebelde con causa, reportaje sobre Jeremy Corbyn, actual líder emergente en el laborismo británico. ¡Qué bien! -pienso- ¡un poquito de aire fresco!

De repente, tropiezo con un párrafo biográfico que me confunde y me obliga a leerlo dos veces más:

Estudiante discreto pero idealista convencido, no consiguió licenciarse por la modesta Universidad Politécnica de Londres, pero en cambio se fue a Jamaica para trabajar en proyectos sociales. Nunca ha tenido un trabajo fuera de la política (…) excepto en dos breves períodos en los que estuvo empleado por los sindicatos.

A ver, ¿en qué quedamos? Si se fue a Jamaica a trabajar en proyectos sociales no fue a hacer turismo. Fue a trabajar, ¿no?… entonces, ¿a que viene la frase siguiente de que nunca ha tenido trabajo fuera de la política?

¿Será porque el trabajo social no se considera un trabajo real? ¿Porque no es un trabajo “rentable” en el sentido más mezquino del término…? ¡Aunque hubiera sido una dedicación voluntaria, que no lo sé, lo que hizo el señor Corbyn en Jamaica fue trabajar!.

Por casualidad de aquellas en las que ya no creo, recibo vía Whatsapp una entrevista genial a Ana Sáenz de Miera, la directora de Ashoka en España, en la revista -¡mira por dónde!- Reimagina el trabajo.

En ella, Ana cuenta que empezó su carrera profesional trabajando con hijos de mujeres maltratadas en Madrid. Trabajo social, de ese que “no contaría” seguramente para los adversarios del señor Corbyn, cuyo desprecio elitista me pone enferma.

Si bien siento todavía reciente y doloroso el chasco que me llevé con el señor Hollande en Francia, le mando todo mi apoyo y mis simpatías al señor Corbyn, aunque le den dos telediarios. Si estuviera en Gran Bretaña, sin duda le votaría.

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