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De cada encuentro se aprende algo. Cada mañana, bajando por la Avenida de Córdoba hasta la Facultad de Económicas, los anuncios de la cerveza Quilmes me saludaban con esta frase.

Y me preparaban para lo que iba a vivir en el 18 Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario.

¡Exactamente! Este seminario, al que asisto desde hace muchos años, es mi máster no formal. Vengo con un cesto vacío y lo lleno de experiencias, contactos, proyectos… con los que me alimento y reparto a todo aquel que se deja avasallar durante el año.

Pide su tiempo la tarea de reflexionar sobre todo ello, pero aún así, me gusta recopilar lo que me resuena de inmediato, aunque luego todo repose y se coloque con más lógica en mi cerebro.

Una idea general estuvo aflorando en prácticamente todas las aportaciones: hay que abrir el paraguas, hay que abrir la mente.

  1. Por un lado, Andrew Furco (Universidad de Minnesota) nos invitó a aceptar que no hay una sola teoría que fundamente el aprendizaje-servicio. Hay muchas, se complementan e incluso a veces pueden parecer alejadas.
  2. Bajo la misma concepción abierta, Martín Ierulo (CLAYSS) alertaba de los enfoques dicotómicos que radicalizan innecesariamente las posiciones y ocultan una realidad mucho más dinámica y evolutiva. Por ejemplo, asistencia-mala versus  promoción-buena.
  3. Otro ejemplo de esta mirada abierta fue la aportación de Darren Brendan Lotan (Universidad de Durban) cuanto a la necesidad y oportunidad de las Universidades de acoger el aprendizaje-servicio bajo el concepto más amplio del Compromiso Social de la institución.
  4. Finalmente, las aportaciones de Nieves Tapia (CLAYSS)en el panel de clausura incitaron a hacer un poco más de ruido. Es decir, comunicar mejor los proyectos de los jóvenes, estar más presentes en los medios, abandonar la modestia excesiva de los educadores que creen equivocadamente que no hacen nada importante.
  5. Cierro con una última y poética reflexión, también de Nieves. Los que estamos en esto no tenemos vocación de secta. Somos una gran familia en el amplio sentido de la palabra: diversa, policroma… y contaminada del mismo espíritu fraternal del aprendizaje-servicio que impulsamos.

Tal vez por eso nos reconocemos en la canción de Mercedes Sosa: Yo tengo tantos hermanos, que no los puedo contar…

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