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El viernes cerramos nuestra asignatura cuatrimestral. Sobre la hierba, como en las ediciones anteriores. Y también, como las otras veces, repartimos semillas de Dondiego, esta maravilla de semi malahierba, que crece en todas partes.

El Dondiego simboliza nuestra intención: que el conocimiento, las capacidades, la excelencia… se multiplique y reparta, que llegue a cuantos más rincones mejor.

Unos minutos antes del bucólico acto de clausura, compartí con mis estudiantes una experiencia personal. Se la debía, puesto que me he pasado tres meses exigiéndoles que se expusieran ellos muchísimo, que abandonaran el confortable y predecible nido académico… ¡era justo corresponder!

Les conté que muchos años atrás, cuando era maestra de educación especial, no podía evitar llorar cada vez que veía la escena del partido de béisbol en la película Alguien voló sobre el nido del cuco.  Tal vez es la película que más he visto en la vida.

Ya no me ocurre, pero me sigue emocionando esta escena, en la que McMurphy, el delincuente de pocas luces, consigue transformar por unos segundos el entorno frío y hostil del manicomio.

Y lo hace comunicando y liderando, con imaginación y con pasión. Exactamente los ejes alrededor de los cuales se vertebra nuestra asignatura.

Al igual que el Dondiego, que brota obstinadamente cada primavera -aunque pienses que ya no quedan semillas enterradas- los profesores deseamos que la semilla del aprendizaje-servicio se mantenga en el corazón y en la cabeza de nuestros estudiantes y les anime a alejarse del nido, al menos de vez en cuando.

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